Las ondas electromagnéticas no se ven, pero existen, están ahí, nos afectan y tienen consecuencias en el cuerpo.

¿Qué son las ondas electromagnéticas?

Algunas, como las olas del mar, las podemos ver. Otras, no. Pero notamos su presencia, o la oímos, cuando nos llegan los sonidos de la radio a “través de las ondas” o calentamos la comida en el microondas.

Las ondas se generan por partículas eléctricas y magnéticas que se desplazan a la vez, viajando sin desplazar materia, tan solo energía.

 

 

Longitud de onda: Es la distancia entre dos crestas

Amplitud: Máxima perturbación de la onda.

Frecuencia: Marca la velocidad a la que se propaga la onda.

Cuanto mayor es la velocidad de la onda, las ondas se estrechan.

Todos estos conceptos son interesantes, pero algo engorrosos. Pero me gustaría que nos diéramos cuenta de que nuestro cuerpo también genera un campo electromagnético, unas ondas.

Pensemos en el corazón, en el bombeo sanguíneo. También en el sistema linfático. O en el peristaltismo intestinal. Las ondas forman parte de la vida. Nuestro cerebro emite ondas; cuando dormimos, necesitamos estar en una longitud de onda, o cuando despertamos y necesitamos actuar, en otra.

El problema radica en las interferencias. Cuando una onda inicia su movimiento, se puede chocar contra otra que la detenga, entonces no llega a terminar su camino. Y la energía se detiene.

Necesitamos que no haya cortes, desvíos, de nuestro ritmo electromagnético.

Pero los avances en la comunicación, han multiplicado su uso en la vida cotidiana. Para bien, pero a lo mejor, si abusamos, para perjudicar el buen funcionamiento orgánico.

¿Son las ondas electromagnéticas perjudiciales para la salud?

Durante todo el día estamos sometidos a sus fuerzas. Lo hemos incorporado a nuestra vida, sobre todo en las ciudades, de forma que estamos sobre expuestos a ellas.

No hay hogar sin wi-fi, televisiones, ordenadores, tabletas, teléfonos sin cable, por supuesto, varios teléfonos móviles, microondas…

¿Cómo reacciona nuestro organismo ante tanta onda? Los efectos de la radiación pueden ser térmicos o atérmicos, siendo éstos últimos los que pueden generar mayor riesgo biológico.

Ese calor que sentimos en el oído al hablar demasiado por teléfono, el que genera el micro o la cocina de inducción… deberíamos minimizarlo.  Porque nosotros funcionamos con una determinada longitud y frecuencia de onda. Y es la adecuada, la que nos marca los ciclos de vigilia y descanso, de digestión, de circulación.

Generar buena onda, estar en la misma onda, tantos dichos populares que tienen su razón de ser.

Como siempre, los más susceptibles de sufrir sus consecuencias son los niños, jóvenes y ancianos.

Cada vez antes los más pequeños tienen sus propios teléfonos y ordenadores. Forma parte de su vida, pero ¿podemos protegerlos?

La electro-sensibilidad puede ocasionar dolores de cabeza, insomnio, irritabilidad, depresión, incluso una mayor probabilidad de desarrollar cáncer, según la OMS (organización mundial de la salud)

¿Qué podemos hacer?

  • Vivir en espacios limpios de radiaciones, aislar nuestro cuarto, quitar móviles, ordenadores y televisiones, no dejar aparatos encendidos en pausa.
  • Podemos caminar descalzos sobre la hierba. La tierra en contacto con la planta del pie consigue despolarizar de electricidad el cuerpo. O la playa, la arena. Por eso nos sentimos tan bien, relajados, después del paseo.
  • Debemos no hablar con el móvil pegado a la oreja, utilizar cascos, y evitar el uso excesivo.
  • Protegernos de las pantallas del ordenador.
  • Ir al campo, desintoxicarnos la necesidad extrema de estar conectados.
  • Los teléfonos inalámbricos, las cocinas de inducción, los microondas, intentar sustituirlos por los tradicionales teléfonos por cable, la cocina de gas, o el horno.

 

No queremos ser unos bichos raros, ni dejar de aprovechar las ventajas evidentes que nos brindan los nuevos inventos, la maravillosa  facilidad de conseguir comunicación e información  a través de internet.

Pero sí os animamos a hacer un uso consciente.