Las vacaciones en familia las soñamos durante meses; imaginamos escenas idílicas, pero a veces la realidad no coincide con nuestros  sueños.

Las vacaciones en familia, los preparativos

Desde que termina la semana santa, empezamos a  ponernos  nerviosos; pensando en nuestras vacaciones  del verano, donde iremos, que haremos, hotel, casa, coche, … y nos sorprendemos  a nosotros mismos soñando escenas idílicas en las que estamos felices, riendo, jugando, y tomándonos un cocktail con sombrillita al atardecer en una playa desierta.

A medida que pasan los días, los meses, la expectativa aumenta; y cuando por fin llega el momento, después de haber pasado un calor insoportable en el asfalto de la ciudad, lo que habías imaginado con tanta anticipación desde la mesa del despacho, a veces no coincide con la realidad.

¿Has oído hablar del estrés vacacional? Pues existe.

Por varias razones; irse a la playa con la suegra, la sombrilla, y los niños no siempre coincide con el momento feliz que imaginaste. (Sin ofender a las suegras, que son maravillosas)

O porque el hotel no es el que querías, los chiringuitos están a reventar, o se te estropea el coche a 150 km de tu destino, y te pegan un rejón en el taller por el arreglo.

Quizá lo que ocurre es que no es fácil pasar de una rutina de trabajo, imbuido en el ordenador, absorbido por las redes sociales, y con un grado de estrés elevado, al “aburrimiento” total.

El cortisol elevado en el cuerpo no cambia de un minuto a otro. Y como adictos que somos, podemos fácilmente caer en no desconectar, seguir con los mails y el Instagram, sencillamente porque lo necesitamos.

Si no lo tenemos, caemos en una situación de “síndrome de abstinencia” que resulta en episodios de mal humor, encontrar que todo está mal, y si no eres consciente, puede arruinar tus tan deseadas vacaciones. A ti y a los que te rodean.

Para que la vuelta de las vacaciones en familia no acabe en el despacho de un abogado matrimonialista, pon remedio con antelación.

Como planificar las vacaciones en familia

Con tiempo, para evitar imprevistos, intenta atar tu programa de vacaciones de manera lo más segura posible.

Es importante sobre todo si sois varios miembros de la familia, y cada uno tiene sus aficiones, gustos y disgustos.

Una vez tengamos el plan perfecto, ten paciencia contigo mismo. Intenta comprender la nueva situación, y date tiempo, ya que vas a necesitar adaptación. Se consciente de que la realidad se impone,  cuando la expectativa no está en las nubes, la posibilidad de que lo pases bien aumenta.

Para que consigas desconectar la mente del trabajo, algo que es muy recomendable, evita el ordenador. No busques cualquier excusa para meterte. No va a ser fácil, pero, recuerda, estás de vacaciones, las necesitas y te las mereces.

Para sacar lo mejor de éste momento, es incluso bueno ese momento de aburrimiento. Cuando la mente se relaja, se resetea, elimina la basura y se queda con lo esencial, la creatividad aumenta, ves las cosas con perspectiva, entonces consigues sacar lo bueno y necesario de éstos días fuera con tu familia.

Aprovecha para hablar, la tertulia con los tuyos ayuda a hacer “bonding”, a reforzar lazos, conocerse mejor, sin relojes ni prisas, el disfrute es inmenso.

No olvides que es momento idóneo de cuidarte, mejorar tus costumbres alimenticias, (¿bajar el consumo de café?) hacer ejercicio, descansar, hacer el deporte que más te guste, dormir, disfrutar.

Recuerda, una dosis más o menos elevada de paciencia va a ser recomendable. Pero el premio  está ahí: de pasar unas vacaciones de las que salgas renovado, descansado y feliz, a salir con unas ganas de recuperar la luz de neón del despacho, con el aire acondicionado a tope y su contaminación, que cuentes los minutos para que las vacaciones de familia se terminen.

Es el estrés vacacional, que, aunque parezca a priori mentira, es un fenómeno que ocurre con frecuencia. Protégete de ésta corriente, y vuelve de las vacaciones moreno, guapo, feliz, y dispuesto a comerte el mundo.