La pérdida de memoria nos afecta a muchos. Inquietud, intranquilidad, son sentimientos que tenemos al darnos cuenta de que se nos olvidan cosas rutinarias. Pero, la buena noticia es que tiene solución.
La pérdida de memoria
Salgo de casa y no estoy seguro de haber apagado bien las luces, me encuentro por la calle con un amigo de toda la vida y soy incapaz de recordar su nombre, en el centro comercial se me olvida el móvil…. ¡Así no hay quien viva!
La memoria no es algo objetivo, se adapta a nuestro estado, a nuestra subjetividad, experiencia personal, necesidad emocional.
Sufrir de pérdida de memoria aunque sea en pequeñas cosas cotidianas es agotador. Produce inquietud, inestabilidad. ¿Por qué pasa tanto?
Tenemos demasiadas cosas en la cabeza, muchas veces en desorden, y no prestamos atención a esas pérdidas de memoria que nos hacen ir de susto en susto a lo largo del día.
En experimentos con escaner se ha observado que cuando a un sujeto le hablas de su pasado, se activan los mismos centros que cuando le proyectas hacia el futuro. El presente, que es ese momento tan preciso, es la intersección entre los recuerdos y proyectos.
Por lo tanto, la memoria es tan importante que es lo que nos hace ser nosotros mismos. Habla de lo que nos ha pasado, las personas que hemos conocido, experiencias, viajes, conocimientos que hemos ido acumulando. Se almacenan en nuestro ser en forma de memoria. Y ésta nos lleva a desear un futuro, realizar unos proyectos, conocer, saber, tener aspiraciones para llegar a ser lo que hemos soñado, lo que pensamos.
Pero no elevemos la memoria a un pedestal. Tiene una característica que le resta fiabilidad. Eso es, que no es real. La visión que tenemos de un momento es tan cambiante que incluso puede que sea completamente inventada, que incluso no hayamos estado ahí.
Podemos asegurar que estuvimos en un sitio, pero puede suceder que solo lo viéramos por la televisión, o nos lo contó un amigo y nosotros lo incluimos inconscientemente en nuestra biografía.
En mi experiencia personal, hay historias de niñez en casa, donde éramos familia numerosa, que hemos recordado tantas veces que hoy realmente no pondría la mano en el fuego de si me sucedió a mi o a uno de mis hermanos.
Porque al fin y al cabo la memoria es un instrumento de supervivencia. Nos tenemos que acordar de los peligros, para evitarlos, de qué resulta bueno para disfrutarlo, el conocimiento almacenado en la memoria, nos da una herramienta importante para vivir.
De hecho, la pérdida de memoria en estadíos más avanzados produce una profunda indefensión, lo que lleva a un gran sufrimiento, a un sentimiento de pérdida de la propia identidad.
Hay una buena noticia: la memoria mejora con ejercicios. Eso sí, lo primero, es sacudirnos la pereza y darnos cuenta de su importancia, y hacer los deberes.
- Aprender estimula la memoria. Un idioma nuevo, un instrumento musical, una asignatura que nos interese. A veces con los años perdemos curiosidad, ganas de saber más, nos atascamos intelectualmente. Salir de la zona de confort, enfrentarte a nuevos retos, estar al día, y estimular las diferentes facetas de la memoria, tanto de almacenar conocimientos, como recordar números, previene y refuerza el músculo de focalizar, de recordar.
- El Mindfulness, ayuda mucho a mejorar la memoria. La práctica de la meditación, da un orden y una paz que promueve la salud mental.
- El ejercicio, porque mejora la circulación, y por lo tanto, el funcionamiento cerebral. También, es muy recomendable llevar una rutina de ejercicio físico, crear hábitos saludables es la mejor medicina preventiva.
- La alimentación; es pilar de la buena salud, también desde el punto de vista de la memoria. El cerebro es un órgano, y tiene que estar adecuadamente estimulado y nutrido.
¿Jugamos?
La memoria almacena más fácilmente cosas que nos hayan tocado desde el punto de vista emocional.
Te proponemos un ejercicio que puede ser divertido durante la cena de navidad con tu familia. Es un juego que consiste en que cada uno escriba un pequeño relato de cómo vivió la cena del año anterior.
Cambiar los papeles, y leer lo que cada uno ha escrito. Seguro que no hay dos que recuerden lo mismo, a lo mejor hasta hay discusión sobre el menú que hubo, y eso sí que es algo objetivo, por no hablar de cómo lo pasó cada uno, o de los pequeños detalles que pudieron, o no, suceder.
Lo que para uno pudo ser la mejor noche de su vida, para otro pudo ser una más, porque la memoria es así, personal e intransferible.