Sudar es bueno, es un mecanismo que tenemos para  ayudar a la limpieza del cuerpo. Pero no es necesario sudar para que el entrenamiento haya sido eficaz.

Sudar es bueno, no lo ponemos en duda

La piel, el órgano más grande del cuerpo, tiene tres funciones vitales, la de protegernos contra las agresiones externas, la segunda,  es la regulación de la temperatura, y la tercera, muy importante,   eliminar toxinas del cuerpo.

Esta última se realiza mediante el sudor. Donde a través del agua, se saca del interior elementos no deseables.

Es curioso que como regla general, sudan más los que están en mejor forma física; como también los que tienen algo de sobrepeso,  más los hombres que las mujeres, la temperatura exterior, la humedad. Por supuesto la ropa con la que te cubres.

Se puede sudar como regulación de la temperatura interior, entonces las glándulas ecrinas entran en acción y eliminan agua, pero también por miedo, o estrés, entonces son otro tipo de glándulas, localizadas en axilas e ingles las que producen el sudor, las apocrinas.

Con mejor forma física, el termómetro interno es más eficaz, y le cuesta menos ponerse en marcha y sudar.

Sudar y hacer ejercicio

No todos tienen la misma facilidad para sudar. Unos, solo con un mínimo ejercicio ya están sudando, otros, tienen que elevar mucho el nivel aeróbico para conseguirlo.

¿Es importante? La respuesta es no.

Muchas personas consideran que si no salen del gimnasio con la camiseta empapada, es como si no hubieran hecho nada. Esto es un error.

Hay un concepto que debe estar claro: sudar no significa que estés perdiendo calorías.

Cuando vas al gimnasio a ponerte en forma, hay que hacer un plan con la idea de lo que quieres conseguir. Hay ejercicios más aeróbicos donde más fácilmente arranques a sudar, otros, como el pilates, puede ser un entrenamiento muy completo, donde no sudes en absoluto.

Flexibilidad, fuerza, resistencia, modelar un cuerpo atlético, son objetivos deseables a la hora de diseñar nuestras sesiones. El sudor no es signo de haber trabajado. Es resultado de algún tipo de ejercicio determinado, y de la facilidad o no que tengas para ello.

Pero sí debes sentir que te has esforzado, que tu cuerpo, tus músculos, sientan el trabajo, y te vayas con una buena sensación de superación.

Si siempre realizas la misma tabla, probablemente lo que consigas es un aburrimiento feroz. Hay que variar, plantear diferentes desafíos a tu cuerpo y a tu mente, que ello suponga diversión, y que el resultado de todo ello sea que no abandones, que sea una rutina ineludible para toda la vida y que la salud sea la mayor beneficiada.

Si quieres sudar, puedes incluir alguna sesión de sauna, que tiene grandes beneficios.

La sauna

La sauna incrementa el factor neurotrópico cerebral, lo que mejora la neurogénesis, crecimiento de nuevas células cerebrales que ayudan a mejorar la función cerebral y la memoria.

Aumentar la temperatura del cuerpo ayuda a eliminar las bacterias, hongos, parásitos, virus.

Reduce el dolor crónico producido por dolor de cabeza, y fibromialgia. La sauna produce endorfinas, que son sustancias naturales que alivian el dolor.

Mejora la hidratación, es beneficiosa para la piel. En especial, aconsejable para pieles con problemas de acné.

Reduce el estrés y la ansiedad. Unos minutos de relajación en la sauna produce descanso, lo que se traduce en ayuda a la ansiedad, depresión y estado anímico general. Es primera recomendación para el insomnio. Incrementa la producción de melatonina.

Alarga la esperanza de vida. La sauna disminuye el riesgo cardiaco. Entre 3 y 5 veces por semana, se ha comprobado reduce el peligro de morir por fallo cardiaco en un 48%.

Previene el cáncer. La subida de temperatura en el cuerpo ayuda al sistema inmune a terminar con células cancerosas.

En un programa de desintoxicación, es recomendable incluir, aparte de dieta, suplementación específica, y descanso, unas sesiones, entre 3  y 5 veces  de sauna a la semana.

Mejora la circulación,  el corazón se acelera en un intento de enfriar el cuerpo, llevando de esta manera más oxigenación a las células.

Los deportistas se meten en la sauna con el objetivo de calentar los  músculos para prepararnos para un ejercicio de intensidad, por ejemplo antes de una competición o de un entrenamiento.