Consejos de cómo reflexionar sobre lo que hacemos y somos, como transmitir la importancia de la felicidad a las generaciones venideras. Ser felices es una meta para que las personas estemos bien, para que la sociedad se estructure de forma saludable.
“no hay un camino para la felicidad, la felicidad es el camino” Buda Gautama (563-483 a de C)
No nos vamos a meter a hacer filosofía barata sobre la forma de ser feliz. Pensadores a lo largo de toda la historia de la humanidad han dejado obras maravillosas con las que desde luego, no vamos a competir.
Solo una reflexión en el sentido de la repercusión que tiene ser feliz para la salud.

El objetivo, consciente o no de todo hombre y mujer, es muy sencillo y a la vez muy complicado, se resume en ser feliz.
Sin embargo, no enfocamos nuestra vida hacia este objetivo. Se tiene incluso un sentimiento de culpabilidad, de falta de responsabilidad o de egoísmo cuando se busca la felicidad.
Los niños, son felices de forma natural, espontánea, con cosas sencillas, como jugando con un amigo, viviendo el día a día y disfrutándolo.
En los colegios, no buscan que los niños sean felices. Se enfocan en que se acumulen conocimientos. El deporte no se considera importante, y las relaciones personales se obvian.
Sin embargo, es esencial para la salud tanto física como mental de las personas.
Educamos en la felicidad
Enseñar a ser feliz implica predicar con el ejemplo. Unos padres infelices no pueden transmitir felicidad a sus hijos.
En una sociedad competitiva como la que vivimos pensamos que si nuestros hijos no cumplen con unos requisitos cada vez mayores, no estarán preparados para “triunfar” en sus vidas. Esta creencia nos lleva a educar en el miedo, y éste es un sentimiento que produce inseguridad. Los niños lo captan. Y en su edad adulta, transmiten lo mismo a sus hijos. Viciamos nuestra sociedad, estropeamos nuestro entorno.
Es como el pescado que se muerde la cola, un círculo vicioso que no se puede romper.
Las consecuencias no son buenas, la salud se ve directamente afectada:
- Incremento de déficit de atención en los niños.
- Ansiedad, depresión. Falta de autoestima.
- Obesidad, desórdenes en la alimentación.
- Problemas de digestión, de respiración.
- Adicciones
- Desordenes de todo tipo.
Por lo tanto, es importante ver en qué punto estamos nosotros mismos:
“Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estás viviendo en el presente” Lao Tzu. (601-531 a.C)
- Todos tenemos en nuestras mesitas de noche por lo menos un libro de un género nuevo, que llamamos “autoayuda”. Lo que nos lleva a pensar que necesitamos recuperar algo esencial en la vida, la calma, la felicidad.
- Revisemos qué hacemos con nuestras vidas que no están funcionando bien. Repasemos la base de nuestras creencias, y comprobemos hasta qué punto son ciertas, y no producto de miedos infundados.
Incremento de la soledad
Es la nueva epidemia de la sociedad desarrollada. El hombre no está hecho para vivir solo. La naturaleza humana es tribal.
Actuar en contra de lo que somos enferma a la persona, a la sociedad.
Buscamos soluciones
Y en vez de buscar la raíz del problema y poner punto y final a éste juego letal que hemos organizado entre todos, vamos al médico y buscamos que la medicación acabe con el insomnio, la ansiedad, la indigestión, y demás problemas causados por una vida que sencillamente, no es la que nos hace felices.
“SI QUIERES RESULTADOS DISTINTOS, NO HAGAS SIEMPRE LO MISMO” Albert Einstein.
No estamos predestinados a la infelicidad, ni a medicarnos sólo porque todo el mundo lo hace.
La meditación, la reflexión sobre cómo estamos, que hacemos en nuestras vidas, si estamos contentos o no, importa a nivel físico.
Porque nuestro cuerpo nos “habla” de distintas maneras, a veces encontrándose mal cuando hacemos una actividad que no nos gusta, o si estamos cerca de alguna persona que nos resulta “tóxica”.
Entonces tenemos que escuchar los mensajes, y actuar en consecuencia.
Las personas felices contagian felicidad. Las personas felices transmiten salud. Las personas felices construyen una sociedad sana.
Si educamos a nuestros hijos no como máquinas de ganar dinero, sino como seres destinados a ser felices, rompemos ese círculo vicioso. Mejoramos el mundo.
El viejo dicho popular, salud, dinero y amor, es sabio. Lo primero, la salud; y para estar sanos, necesitamos ser felices.
El miedo sirve para ser prudentes, para no meternos en peligros que puedan poner en riesgo nuestra vida, dinero, amistades, familia, etc. Pero si lo llevamos más allá de donde debe estar, nubla nuestro entendimiento, aturde la razón, nos lleva a un comportamiento equivocado y a una mala salud.
Cuando nos sentimos felices
- Baja la inflamación del cuerpo
- Mejoramos nuestro descanso
- El sistema inmunológico funciona mejor
- Desaparecen los problemas digestivos
- Nos hacemos más sociales, más abiertos