Marisol Kassem, psicóloga del Centro  Médico Healthing, nos contesta a unas preguntas sobre la manera que se afrontan las secuelas  del aislamiento, y los problemas más generales que están presentes en la consulta.

Entrevistamos a Marisol Kassem, sobre las secuelas del aislamiento  en la población, preguntas de interés para todos.

Tras casi 60 días de confinamiento, comenzamos la desescalada. ¿Cuál ha sido la evolución y cuál es la situación actual de la sociedad? Nos queremos centrar en las secuelas del aislamiento por Covid 19?

En general sensación actual es de cansancio y hartazgo, sentimientos que se intensifican aún más en las personas que están contagiadas.

Un hartazgo que se ha visto algo mitigado por el hecho de poder salir a pasear, lo que ha supuesto un cierto alivio, tanto por el hecho de poder tomar el aire y no sentirnos encerrados, como por el significado de evolución que supone.

Fases de las secuelas del aislamiento

A lo largo de estas semanas hemos ido pasando por una serie de fases que son las propias de la respuesta de ansiedad.

  1. Salvando un primer periodo de negación, en la que primaban las bromas y los chascarrillos, y restábamos importancia a la situación, una vez nos dimos cuenta de la repercusión de la enfermedad, se disparó lo que se denomina la fase de alarma, en la que la emoción más característica era el miedo y la incertidumbre.
  2. A partir de ese momento, comenzó la fase de resistencia, en la que hemos tenido que hacer grandes esfuerzos para lidiar con esta nueva situación. Adaptarnos a una nueva forma de trabajar, a una nueva forma de salir a comprar, a unas nuevas medidas de seguridad e higiene y, sobre todo, a no poder salir de casa.
  3. Cuando esta etapa se prolonga en exceso sin resolverse, o los intentos por adaptarnos fracasan, entramos en lo que se conoce como fase de agotamiento, periodo en el cual pueden aparecer problemas emocionales y secuelas psicológicas.

¿Qué secuelas puede tener el aislamiento  en las personas y por qué unas personas las padecen y otras no?

Todo depende de las características individuales. Ante una situación determinada, las personas reaccionamos de distinta manera en función de aspectos como nuestros rasgos de personalidad; las experiencias pasadas, las circunstancias personales en las que nos encontremos en ese momento, etc.

Por ejemplo, el aislamiento, en personas introvertidas, puede vivirse como un respiro, mientras que para las personas más extrovertidas o con más necesidad de relaciones sociales supone una situación desagradable.

Así mismo, las personas que en el pasado tuvieron que estar largos periodos en casa o en un hospital por enfermedad, es posible que hayan desarrollado estrategias de afrontamiento que pueden emplear en esta situación.

En un primer momento, la mayoría de las solicitudes de consulta, giraban en torno a problemas de adaptación a la nueva situación de confinamiento, así como problemas de ansiedad y miedo ante el contagio.

A esos problemas, ahora se han añadido otros propios de la evolución de la situación, como:

Problemas de sueño, provocados por el cambio en las rutinas, el estado de estrés y la reducción del gasto energético (nos acostamos menos cansados de lo habitual, y por tanto, nos cuesta más conciliar el sueño). Las pesadillas están siendo un problema recurrente en las consultas.

Trastornos de estrés agudo que pueden derivar en un trastorno de estrés postraumático, más acusado es profesionales sanitarios, en personas que han perdido un ser querido o en personas que son más sensibles desde el punto de vista emocional.

Problemas de duelo, derivados de las circunstancias tan especiales en las que se están produciendo los fallecimientos: la falta de apoyos sociales, la dificultad para realizar rituales de despedida, etc.

Ansiedad, miedo e incertidumbre a la hora de salir a la calle y exponerse a un posible contagio, y en relación con esto, ansiedad anticipatoria ante el hecho de tener que reincorporarse al trabajo.

En este sentido, hay gente que está optando por no salir, desarrollando lo que se está denominando como el síndrome de la cabaña.

¿Qué es el síndrome de la cabaña, qué consiste, y qué personas pueden desarrollarlo?

No es un término científico, pero es una categoría con la que se ha definido a la situación de esas personas que, después de estar encerrados en un espacio pequeño por motivos forzosos (prisión, inclemencias meteorológicas, etc.), desarrollan un rechazo a salir una vez que el motivo del encierro ha pasado.

En este caso ese rechazo deriva del miedo al contagio en muchos casos. Recordemos que aún no existe vacuna y las cifras de contagio son altas, pero en otros casos simplemente las personas se han habituado a estar en casa, han reducido su zona de confort, y ven como un esfuerzo el hecho de tener que salir.

Las personas mayores son especialmente vulnerables por ser un colectivo de riesgo, pero también lo pueden desarrollar personas que por sus circunstancias no necesitan salir.

También lo pueden desarrollar personas con dificultades de relación social, que sean más introvertidas y también personas hipocondríacas.

El problema de este síndrome es que, si perdura en el tiempo, puede dar lugar a cuadros más graves como la agorafobia, o el miedo a salir más allá de una zona de confianza reducida, y que resulta muy incapacitante para las personas que lo sufren.

¿Qué consejos darías para afrontar las semanas que tenemos por delante?

Ir poco a poco ganando terreno al miedo, siguiendo siempre las recomendaciones sanitarias y manteniendo la prudencia, pero adaptándonos de forma progresiva a los cambios.

En este sentido, no debemos tratar de conseguir todo en un día ni desesperarnos si el primer día no nos sentimos cómodos en la calle.

Así pues, habrá que ir recuperando las rutinas: restablecer progresivamente las horas de sueño, los hábitos de alimentación, etc. e ir reduciendo el tiempo que dedicamos al uso de las tecnologías.

Una de las cosas que yo estoy recomendando para recuperar las rutinas es volver a usar el reloj (hay mucha gente que se ha olvidado de él en estos días).

Desde el punto de vista social, por ejemplo, procurar ir recuperando la normalidad poco a poco.

Al principio nuestras conversaciones por ejemplo girarán en torno al virus, dado que no tenemos mucho más de lo que hablar, pero tratar de diversificar y hablando de otros temas que den oxígeno emocional.

Es bueno ir observando si hay evolución, y pedir ayuda cuanto antes en el momento  en que veamos que nos estamos estancando, pues los las secuelas no tratadas a tiempo pueden ser más difíciles de superar.