Respirar aire sucio, contaminado, convierte en inadecuada la ciudad para los ciudadanos. La unión de todos, es crucial para cambiar las decisiones políticas referentes a temas de salud pública.

El aire sucio. Médicos y políticos trabajando juntos

Juhani Knuuti, preside el grupo de trabajo de directrices online de European Heart Journal que  ha redactado un documento recalcando  que el aire sucio, contaminado, aumenta el riesgo de incidencia cardíaca e incidente cerebro-vascular. Se necesitan políticas que protejan a la población contra esta realidad.

“Los pacientes con deficiencia cardíaca deben evitar zonas congestionadas y considerar el uso de mascarillas con respirador, y filtros de aire para reducir la contaminación interior”

Hablan de estilo de vida, de que las enfermedades se pueden prevenir con una dieta adecuada, rica en frutas, verduras, y granos integrales.  Evitar el tabaquismo tanto activo como pasivo, limitar la ingesta de alcohol  y las grasas saturadas. 30 a 60 minutos de actividad física moderada, todos los días, y control del peso corporal.

Estos pacientes tienen mayor riesgo de padecer ansiedad o estrés, por lo que se recomienda la Terapia Cognitiva Conductual, que ayuda a llevar una vida sana. Auto-control, saber dejarse ayudar por familiares y amigos, afrontar cambios, y situaciones difíciles.

Buscar una solución es asunto de todos. Políticos y  médicos, trabajando juntos para que las políticas cubran el derecho que tenemos todos de vivir en  ciudades donde el aire se pueda respirar, el agua beber y el ruido ambiental no  supere límites que impidan tener una vida saludable.

Cuando se toman las medidas adecuadas, se obtienen resultados.

Que las condiciones de vida de las ciudades, de los países, sean las óptimas para las personas que las habitan parece de Perogrullo, pero en realidad si no se toman las medidas pertinentes, acaban convirtiéndose en lugares hostiles para los que las habitan.

“La ciudad saludable”

Es un proyecto de la OMS para hacer de las ciudades un lugar de “salud para todos”, donde en el siglo XXI se promueva una sociedad en el que la salud será el pilar básico, buscando mejorar el empleo, la educación, la pobreza, la vivienda, el aire que respiramos.

Todo ello forma parte del ambiente determinante del bienestar  de las personas, y que trasciende hoy por hoy el ámbito de la atención sanitaria.

Este concepto es un camino a recorrer, un ideal que se conseguirá poco a poco,  a la que se puede adherir  cualquier ciudad, teniendo en cuenta que lo primordial es tener un compromiso entre todos, políticos, médicos y demás profesionales.

El reto es ir en la dirección en la que salud y política trabajen de la mano, en la que la participación ciudadana y los agentes sociales  colaboren y tengan voz y voto visible.

Potenciar alianzas, y conseguir el objetivo común que es hacer de las ciudades lugares óptimos para vivir.

Cuando el objetivo está claro, es más fácil cambiar el rumbo.

Las empresas tienen que adaptarse a lo que la sociedad, unida, demanda.

Las ciudades dejan de ser sitios en donde no se escucha a sus habitantes. Es el sitio de todos, y por ello, juntos construimos lo que se ajusta a la que queremos, a nuestras necesidades.

La legislación protege los derechos de las personas, y, como prioridad, la salud.

En España se ha creado la Red Española de Ciudades Saludables (RECS) e 1986, fue la primera que se creó en Europa, participando Barcelona, Madrid, Alicante, Pamplona, Santander, Zaragoza, Sevilla y Valladolid.

A partir de entonces, el proyecto, pese a dificultades, se ha ido extendiendo. Hoy el 40 % de la población española está incluida.

En su ideario, la sostenibilidad, que los acuerdos y compromisos sean para fortalecer y priorizar la salud.

Su principal herramienta, la implementación de planes municipales de salud, donde la cooperación intersectorial y la participación ciudadana sean protagonistas.

Es un reto, una meta a conseguir.

Un camino trazado para lograr  que las ciudades estén diseñadas para abrigar a los que las habitan, un sitio donde el aire no esté sucio, en que el uso cada vez más extendido de mascarillas protectoras no hagan falta.