Reciclarse no es sólo válido para saber a qué contenedor tirar la basura, sino que nosotros mismos debemos ser flexibles, estar preparados para hacer cambios en nuestra vida.

Reciclarse, reciclar

No va solo de estar educados a producir menos basura, y que la que inevitablemente ocasionemos se introduzca diligentemente en el contenedor que corresponda para evitar la polución ambiental que devora nuestra tierra; esto se trata de que nosotros mismos seamos dúctiles, flexibles, capaces de reciclarnos.

Nuestra vida laboral puede ser muy larga, tanto que puede ser interesante plantearnos si queremos, o no, ser abogados, médicos, nutricionistas, o inversores durante tantos años. A lo mejor, elegimos hacerlo un tiempo, y después dedicarnos a las artes, a la enseñanza, a escribir, o a lo que cada uno sienta y desee.

Si terminamos la carrera a los 22 años, de promedio, cuando llegamos a la jubilación, en la que si queremos beneficiarnos de la pensión habremos cotizado durante 33 años, habremos invertido todos esos años en ejercer la misma profesión. Si la edad de retirarse se posterga, como parece que va a suceder para mantener la actual cobertura social, esos años dedicados a lo mismo, aumentarán.

¿Y si nos planteáramos cambiar en algún momento nuestra actividad laboral? Eso es posible, y además, puede ser enriquecedor.

Se trata de seguir aportando a la sociedad, pero ejerciendo otra actividad.

Tengo un amigo que ejerció durante años en una empresa dedicada a las finanzas, y que hoy, a sus 56 años es un reconocido psicoterapeuta. Otros que han pasado a ejercer oficios más artísticos, como pintores o escultores.

Además, tiene lógica. No tenemos las mismas necesidades, ni económicas ni intelectuales, cuando tenemos 20 o cuando cumplimos los 50.

Hacer una familia, comprar una casa, coche, pagar colegios, etc requiere un gran esfuerzo económico. Pero este momento pasa, pero no por ello se nos pasa las ganas de aportar a la sociedad en la que vivimos.

Por ello, es una idea cambiar de actividad. Dedicarse a algo, que a lo mejor es menos lucrativo, pero enriquece otras facetas de nuestra personalidad. Y lo disfrutamos.

Esto puede implicar retomar los estudios, la preparación. Es un gran estímulo para nuestra capacidad cerebral, y una nueva oportunidad para los centros de formación y universidades.

Reciclarse, es el verbo de moda.

No estar siempre en lo mismo. No ser rígidos, cambiar, ser dúctiles, aprender, cambiar incluso nuestra forma de vestir, de trabajar, de manifestarnos.

Las etapas de la vida.

A cada edad, una necesidad distinta. Un bebé necesita protección, amor de madre y de padre, calor, nutrición. A los 3 años, aproximadamente, ya que las etapas tampoco coinciden exactamente con el calendario, se van abriendo hacia el mundo social, juegan con otros niños.

A través de todo ello, van conociéndose y conociendo lo que les rodea, hasta que entran en el mundo del colegio, de la universidad. En este momento se descubre la sexualidad, la atracción.

En la edad adulta, volcamos lo aprendido, lo ejercemos, tenemos la capacidad y la energía para ello.

A partir de los 45, (vuelvo a repetir que son momentos aproximados, no es algo exacto) empezamos a sentir que nuestras necesidades cambian, hemos adquirido experiencia, y aunque estamos a tope, la cabeza evoluciona hacia otra cosa.

Llegamos a conclusiones, vemos nuestros errores, que nos gusta, en que nos equivocamos. Es un momento en el que estamos en plena capacidad no solo de reflexión, sino de enseñar a los que nos van a suceder.

Un buen momento para escribir, contar, compartir, saber inspirar con nuestro ejemplo y experiencia a los más jóvenes.

A cada momento le corresponde una actividad, unos incentivos, una preparación.

No es aconsejable intentar que un bebé tenga relaciones con amigos, cuando necesita protección, ni a una persona adulta ponerle a saltar en la cama elástica.

Saber apreciar cada momento es ser lo suficientemente inteligente como para sacarle todo su jugo.

Produce cierta lástima cuando se ven personas jugando roles que no corresponden a su edad, y ello es porque, sencillamente, están perdiendo la ocasión de disfrutar de lo que en realidad son.

Empezando el año nuevo, en este fresco mes de Enero, del 2020 os planteamos éste nuevo desafío.

No pienses que no puedes cambiar, sobre todo si hay algo que no te guste, que sientas que no te hace feliz, cámbialo, mejora tu vida, no te quedes atrapado en un destino que no sea el que quieres.

Hay muchas cosas positivas que se pueden hacer. Reciclarse, es el nuevo verbo de moda.