Comida real es la que nos encontramos en el mercado. La que no hace falta identificar con largas etiquetas llenas de nombres de químicos y de aditivos. La de temporada.

La industria alimentaria ha progresado tanto que ya nos cuesta saber qué es real y qué no lo es; analizamos una dieta de cualquier persona en la actualidad.

 

Nos hemos alejado tanto de la naturaleza, que muchos niños piensan que la leche viene de la tercera balda del supermercado, o que los huevos los hace Kindle.

Tenemos la responsabilidad de que sepan bien lo que comen, de donde viene, de qué manera se trata a los animales y al campo,  para que sean ciudadanos capaces de mejorar no solo su propia salud, sino su entorno en general.

El concepto de “comida real” se hace necesario.

Real es cuando abres el armario de la despensa y descubres que está lleno de gusanos. O que un bote se ha llenado de hongos, y está tan oscuro que da miedo tocarlo.

La “comida real” se estropea.

Sin embargo, la comida industrial, ultra procesada  se conserva años sin alterar su forma ni color en absoluto.

Si dejas un chicle en cualquier sitio, con los años a lo mejor se endurece, pero nada más.

El cuerpo asimila, reconoce mejor lo orgánico, lo que está hecho de lo mismo que lo estamos nosotros. El organismo, la digestión, es un indicador de lo que es comida “real”.

Lo demás, lo podemos digerir, pero seguro que no nos nutre de la misma manera.

Desayuno real

Un desayuno a base de comida real puede consistir en:

  • Huevos de gallina campera, mejor no fritos, ya que el producto pierde propiedades, lo mejor, el pasado por agua con un poquito de sal Maldón o del Himalaya.
  • Pan de masa madre, con aceite y tomate, sin escatimar en calidad. El aceite debe ser de primera presión en frío, y el tomate, de la huerta, nada de envasado.
  • Un buen café orgánico, negro, o té verde sin añadir azúcar.
  • Una tostada con aguacate y /o tomate, a la que le puedes añadir algo de proteína, como atún, salmón, o una tortilla.
  • Frutos secos, y fruta de temporada.

Evita los productos envasados. Real es que lo encontremos en la naturaleza tal cual. Cuando consumimos productos con etiquetas en su envase con más de 5 elementos, sospecha que no debes comprarlo.

 

Almuerzo real

A la hora de comer, muchas veces optamos por comidas rápidas, procesadas, alimentos que abrimos y calentamos en el micro y ya está, listo para consumir.

Pues es lo contrario a la comida real. Son alimentos vacíos de minerales y vitaminas, no nutren y son perjudiciales.

Tampoco queremos generalizar, pero optar por comer cosas “reales” es la buena opción.

Real son unas lentejas hechas por una mano amorosa, sin prisa y con los mejores ingredientes, o un filete a la plancha, o un pollo ecológico, o tantas cosas que la naturaleza nos ofrece.

Un día puedes ir a un local de comida rápida y saltarte nuestras recomendaciones a la torera. Pero solo uno. La base de la alimentación no puede ser envases al vacío ni latas con fotos apetecibles.

Hay naturalezas que toleran mejor comer mal, otras notan sus efectos perjudiciales antes. Pero en menor o mayor medida, a nadie le beneficia saber hasta dónde su organismo puede mantenerse sano a base de comidas rápidas o ultra procesadas.

Cena real

Ya hemos llegado a la cena, vamos haciéndonos expertos analizadores y traductores de las etiquetas de los envases, latas y productos de alimentación “listos para consumir”

Sabemos que la cena debe ser una comida ligera, ya que a esa hora el cuerpo va preparándose no para la acción, sino para el descanso, por lo que la energía del alimento no se va a gastar.

Una verdura salteada,  un caldo, un pescado a la plancha o al vapor, no se tarda tanto en preparar.

Y recordemos, “que la alimentación sea tu medicina”, si somos perseverantes conseguiremos mejorar nuestra salud y con ello la energía y el optimismo.

Mercado o supermercado

Evidente: vamos al mercado.

Es el centro por excelencia de “comida real”. Donde nos va a ser más sencillo elegir alimentos de calidad, sin tener que pelearnos con el etiquetado.

Al súper, claro que vamos a ir, pero solo de vez en cuando.

Los pasillos de los centros comerciales nos confunden, tientan, marean, y terminamos con el carrito lleno de galletas, chocolates, lácteos, sodas y comidas procesadas que no nos convienen en absoluto.

Al mercado podemos ir con los niños,  no así al súper; donde nos van a torturar suplicándonos comprar todo tipo de golosinas y de alimentos vacíos.

Sin embargo, el mercado es educativo, allí encontrarán comida real, y frutos de temporada, como  las setas, granadas, alcachofas.., todo esto les ayudará a estar conectados con la naturaleza.

 

¿Qué es la comida real?
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