La protección solar se ha vuelto la primera opción cosmética que debemos respetar. Son eficaces, nos protegen, son indispensables haga sol o no.

La protección solar, un concepto relativamente nuevo

Los antiguos egipcios veneraban al sol, pero conocían los perjuicios que éste tenía para la piel.

El moreno era signo de esclavitud, de trabajo al sol, los nobles se deleitaban de una piel blanca y eso era considerado signo de su alto rango y buena vida. Los antiguos egipcios utilizaban barros del Nilo para proteger su piel del sol, y se sumergían en agua; desconocían que ésta aumenta la foto sensibilidad de la piel.

Y esta moda ha seguido así durante la mayor parte de la historia del hombre. El color blanco cotizaba de tal manera, que hasta se inventaron maquillajes con polvo de arroz blanco para hacer el cutis  marmóreo.

Hasta tal punto era de este modo, que incluso en la Biblia se puede encontrar fragmentos donde se indica que el moreno no era color bien visto. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en el conocido versículo quinto del capítulo primero del libro Cantar de los cantares, donde se lee:

“Negra soy, o morena, hija de Jerusalén, pero bien parecida. No reparéis en que soy morena, porque me ha robado el Sol mi color cuando pusiéronme a guardar las viñas.”

Aparición en el mercado de la protección solar

Es curiosa la historia, y fascinantes las razones de la moda. En el siglo XX, con el desarrollo de los transportes sobre todo ferrocarriles, se empezó a poner de moda ir de vacaciones a la playa.

Entonces, el moreno deja de ser característico de ser trabajador, y pasa a ser prueba de que te has ido de vacaciones, por lo tanto, eres pudiente.

Ya no puedes volver al trabajo con la tez pálida.

Coppertone, el primer protector solar, aparece como demanda de los pilotos americanos en la segunda guerra mundial, que sufrían por la larga exposición al sol de quemaduras y eccemas.

Debido al éxito conseguido, enseguida surgieron competidores, como Ambre Solaire.

En 1955, se empieza a desarrollar el concepto de SPF. (Índice de protección solar)

En  los años 70, Fiedrich Wolf inventa las cabinas de rayos Uva, para que pudiera todo el mundo disfrutar de moreno todo el año.

Briggitte Bardot, en estos años se convierte en la imagen deseable, luciendo su piel morena en las playas de Saint Tropez, y a partir de entonces, la necesidad de broncear la piel ha llegado a cotas demasiado altas.

Lo que quieren vender las cremas es acelerar el bronceado, los índices de protección son 1 a 3.

Los dermatólogos nos alertan: todos los años se incrementa las patologías por exceso de sol.

Las manchas en la piel del rostro y cuerpo, las quemaduras, queratosis, cáncer, se multiplican. Y es que el sol en su justa medida es bueno, pero en exceso provoca graves enfermedades.

La protección solar, como y cuando

Ya tenemos tanta información que pocos pueden decir que no se les ha avisado.

La protección solar forma parte del equipaje en verano. Pero ¿cual nos conviene más?, ¿qué formato debemos usar? y ¿qué horario de sol es más beneficioso? ¿hasta qué punto nos protege?

Los rayos del sol que nos broncean y nos queman son básicamente dos:

UVA, que son las radiaciones que nos dan el tono moreno, pero que a la larga producen un foto envejecimiento de la piel, manchas y arrugas, y los UVB, que son las que nos queman y son más perjudiciales. Hay otros rayos, UVC, que son los más peligrosos, pero en teoría no pasan de la atmósfera, por lo que no nos protegemos de ellos.

Las cremas nos protegen de dos maneras:

  1. Protección física, normalmente hecha por minerales, óxido de titanio y de zinc, hacen función de pantalla, o de espejo, repeliendo los rayos que inciden en la piel. Es muy eficaz, pero deshidrata y reseca la piel.
  2. Protección química, hecha de compuestos de carbono, no tiene los problemas del anterior de deshidratación, hay que aplicarla 30 minutos antes de la exposición al sol para que sea eficaz, y trabaja convirtiendo las radiaciones en calor inocuo para la salud de la piel.

Hoy en día, normalmente las cremas de protección se componen por una combinación de las dos anteriores.

El SPF, o factor de protección solar

Este índice nos dice cuanto tiempo va a estar protegida nuestra piel con el uso de la crema. Por ejemplo, una SPF 30, multiplica por 30 el tiempo que podemos estar al sol antes de quemarnos.

Se suele aconsejar que se repita la aplicación cada dos horas. Incluso las que prometen cobertura con el agua, al secarnos con la toalla, etc, nos quitamos la crema sin querer y podemos quedar expuestos a los malos rayos.

Los ojos y el pelo

También es importante protegerlos. El pelo se reseca, los ojos necesitan estar protegidos con gafas de cristales adecuados para evitar su deterioro.

El horario

Tenemos que recordar que las horas centrales del día, cuando los rayos son más verticales, hay que evitar estar al sol. Los niños son especialmente sensibles, y quemaduras en edad temprana puede terminar en patología en edad adulta.

Cuidado con los bebés. Siempre a la sombra, y con ropa fresquita. La sombrilla no elimina la totalidad de los rayos solares, pasa el 30 % de ellos.  Por lo que la sombra no nos exime de los cuidados que tenemos que tomar.

La hidratación

Tenemos que mantenernos hidratados. Sobre todo hay que tener precaución con los niños y los ancianos.

Caducidad de la protección solar

Las cremas debemos renovarlas cada año, ya que pierden sus propiedades con el tiempo.

Fenotipo y SPF

Todos debemos protegernos, pero más aún si eres blanco con ojos claros.

No olvides las gafas y el sombrero.

Se recomienda el uso de crema si tienes piel seca, y evitar los aceites si tienes tendencia al acné.

Pide consejo a tu dermatólogo o farmacéutico.

Recordemos los beneficios del sol

El sol es beneficioso, imprescindible para la vida. Nos proporciona la vitamina D que necesitamos para múltiples funciones orgánicas, nos da buen humor, refuerza los huesos e incrementa la función del sistema inmune.

Si estamos en la playa, nadar,  reforzar los lazos familiares, gozar juntos recupera relaciones y alegría.

Tomemos el sol, con sentido común.