La investigación apunta a que los problemas psicológicos están relacionados con una nutrición carente de las vitaminas y minerales que el cerebro necesita.

Te tumbas en el diván, y empiezas a hablar de lo que te pesa en el alma, de lo que no puedes soportar en el cuerpo. Puede que tengas la suerte de que el médico tenga en cuenta todo lo que pueda estar ocurriendo.

Y   pregunte por tus costumbres sobre nutrición.

Relación entre los problemas psicológicos y la nutrición

Para muchos, ésta sería una cuestión completamente fuera de lugar.

Pero no es así. La relación entre mente e intestino es estrecha. Tanto, que muchas enfermedades de la mente, mejoran drásticamente al adoptar una buena  alimentación, sin tener que recetar pastillas.

Todo en el organismo está relacionado, nada funciona de manera independiente. Tendemos a creer que fisiología y psicología son entes distintos. ¿Cómo hemos podido estar tan equivocados?

La nutrición debe ser adecuada para el correcto funcionamiento no solo de los músculos, sino de todo el sistema orgánico, cerebro incluido.

Nutrición y Mente

El medio ambiente está invadido de tóxicos. El cuerpo tiene métodos eficaces para eliminar las sustancias lesivas del organismo.  Pero el exceso puede ser tal, que esté desbordado y se vayan acumulando causando perjuicios en la salud mental.

Los bebés en el seno de la madre, son también víctimas de la contaminación a través del cordón umbilical y la placenta. Nadie ni nada se libra.

La buena nueva es que el asunto ha cobrado tal relevancia, que  ya se tienen en cuenta a la hora de proponer tratamientos, elementos  que antes estaban fuera.

La mente necesita unos nutrientes sin los cuales, su correcto funcionamiento se entorpece. Así de fácil. Entonces, los psiquiatras, los psicólogos y terapeutas deben tener esto en consideración.

Y preguntar,  ¿Qué tienes en la nevera? Aunque el paciente  se pregunte si el que ha chiflado es el médico.

Emoción y Nutrición

No hay que ser muy observador para ver la estrecha relación entre las emociones y la comida.

Cuando tienes penas de desamor, las ahogas en el helado, si estás nervioso, se te cierra el estómago y no entra ni un caldo;  aparato digestivo y cabeza son inseparables.

Todos estos hechos están siendo investigados, en una nueva disciplina, La Psiquiatría Nutricional.  Drew Ramsey, agricultor y psiquiatra de la Universidad de Columbia, postula que una deficiente alimentación es uno de los factores que influyen en la depresión.

“Adherirse a una dieta saludable, en particular una dieta mediterránea tradicional, o evitar una dieta pro-inflamatoria parece conferir cierta protección contra la depresión en estudios observacionales. Esto proporciona una base de evidencia razonable para evaluar el papel de las intervenciones dietéticas para prevenir la depresión” Afirma Drew  Ramsey.

Hay evidencias de que lo que comemos, lo que sentimos y como nos comportamos están relacionados.

Pero no perdamos el equilibrio. No se trata de encontrar un alimento milagroso, sino una dieta completa que sea armónica.

El cerebro necesita minerales, vitaminas, aminoácidos esenciales. Porque son antinflamatorios, neuroprotectores,  antioxidantes, ayudan a combatir los efectos negativos del estrés.

Un defecto, por ejemplo, de vitamina b12, está relacionado con la depresión y el deterioro cognitivo.

No queremos decir que todas las dolencias psicológicas vayan a remediarse por comer adecuadamente.

Pero antes de llenar nuestra mesita de noche con pastillas de colores que van a ocultar síntomas pero van a contribuir a elevar el grado de toxicidad en el organismo, no está de más echar un vistazo a nuestra alimentación.

Y si necesitamos acudir a un especialista, busquemos a personas que tengan en cuenta que no todo se soluciona en la farmacia.

Gracias a la Medicina Integrativa, estamos abriendo nuevas vías para tratar a los pacientes que hace tan solo unos años no se tenían en cuenta. Porque los avances no tienen siempre que ver con descubrimientos en el campo de la farmacología, sino en ver  que a lo mejor hay que darle una vuelta a la forma de enfocar nuestros conocimientos.