El Alzheimer es una enfermedad frecuente, que se puede prevenir modificando lo que más nos cuesta: nuestra forma de alimentarnos.

El Alzheimer se puede prevenir, y hasta revertir

Cuando pensamos en enfermedades neuronales, como el Alzheimer, la demencia, incluso la depresión, la ansiedad o el TADH, se nos olvida que tiene una relación íntima con nuestro estilo de vida, sobre todo con el intestino.

Creemos que forma parte de cumplir años, o que estamos destinados a padecer esas patologías por nuestra carga genética.

Pues, podemos tomar medidas  para proteger a nuestras neuronas, pero muchos de nosotros levantamos los hombros en gesto entregado, como si no hubiera nada que hacer.

No es así. El Doctor David Permutter en su libro “El cerebro de pan” nos da unas pautas para conseguirlo.

Entre sus argumentos esgrime que los cereales, son muy perjudiciales para el cerebro. Explica que los primeros hombres, a los que somos genéticamente iguales, no consumían la cantidad de carbohidratos que nosotros. Su dieta estaba básicamente basada en grasa y proteína, cuando actualmente los hidratos de carbono ocupan un porcentaje de nuestro plato excesivamente elevado.

Los azucares, los picos de insulina, son culpables de inflamación crónica. Hay dos tipos de diabetes, la tipo 1, donde el páncreas no secreta insulina, y la tipo 2, en la que hay un agotamiento de su producción, pero la célula no tiene receptores para incorporarla a su interior, quedándose en sangre y produciendo de esta manera una devastación.

El cerebro, pese a tener la protectora barrera hematoencefálica, sufre igualmente las consecuencias.

Nos habla de que el colesterol no es en realidad el culpable. Es incluso bueno, y necesario para muchas funciones como la memoria y el aprendizaje, además, el cerebro es prácticamente grasa.

El problema es la glicación. Esto es, la reacción del azúcar con las grasas. Esto produce una sustancia que aglutina, endurece, y cambia sustancialmente la propiedad de las grasas.

Es la causa de la aterosclerosis, de la artritis, de problemas reumáticos, pero también una causa de impedir que el propio mecanismo orgánico sepa lidiar con la proteína amiloide  que forma placas en el cerebro, degradándolo y acabando en el temido Alzheimer.

Las enfermedades neuronales asustan. Tanto a los médicos como a los familiares de los que lo padecen, por no hablar de las personas que lo sufren. ¿Cómo ha podido suceder esto?

Hoy, la cura de la enfermedad se sigue investigando, aunque sabemos mucho más.

En nuestra mano está cambiar los hábitos de vida, y de alimentación que nos perjudican:

  • Cambio en alimentación. La eliminación de los granos, de los cereales, haciendo hincapié en el gluten es un paso ineludible, según el Dr. Permutter. Aumento de grasas y proteínas en nuestra dieta. Bajar drásticamente el azúcar. Con esto, en un tiempo, a veces más largo de lo que podemos esperar, unos tres meses, sentiremos más claridad mental, entre otros beneficios. Esto es, una dieta cetogénica, en que el cuerpo utilice la grasa como combustible, no el azúcar.

Dentro de la alimentación propone ayunos.

  • El movimiento revitaliza las células, da vida, mejora la circulación y es también obligación para cualquiera que quiera optimizar su salud.
  • Está claro, no inventa nada, pero es verdad que a veces lo más obvio nos lo tenemos que repetir una y mil veces para darnos cuenta de lo necesario que es. No abusar de las pastillas para dormir, cuidar el sueño.

En cuanto a suplementación, propone:

Omega 3, y dentro de ellos, hace hincapié en la importancia del DHA. Solo tomando éste suplemento, se producen cambios en la conducta, hiperactividad, foco, atención, mejora el aprendizaje, así como la vista.

La Cúrcuma, por su potente acción antinflamatoria, es un suplemento de primera elección. Tiene propiedades neuro-protectoras, protege de los radicales libres.

El Resveratrol, también a tener en cuenta por su potencial para combatir el estrés oxidativo.

La vitamina D, que muchas veces encontramos parámetros bajos a pesar de que vivimos en un país de sol.

Los probióticos. Cuidar la flora del intestino, el segundo cerebro, proveer de lo que necesita y fomentar un buen ecosistema bacteriológico, es garantía de prevención, y de estar protegido de una gran cantidad de patología.

El Dr Permutter nos invita a un plan de tres semanas en las que poco a poco vamos cambiando nuestro “cerebro de pan” por otro en el que vamos eliminando de nuestros hábitos lo que nos perjudica.

También, es interesante hacerse análisis para comprobar cómo están nuestros índices inflamatorios en sangre, como la homocisteina, pruebas de glucemia en ayunas, hemoglobina glucosilada, proteína C reactiva, insulina en ayunas, fructosamina, antigluten ige, y la vitamina D.

Este análisis nos lo deberíamos realizar antes y a los tres meses de llevar la dieta cetogénica que nos proponen, para comprobar los cambios en los índices de inflamación.

Si tienes interés en llevar a cabo un cambio en tus costumbres alimenticias, o quieres en general mejorar tu salud, acude al Centro Médico Healthing.