No todo es malo, aunque a muchos nos cueste comprender que las actuales circunstancias, nos ayudan a poner las cosas en su sitio, a apreciar lo que de verdad importa.

No todo tiene que ser malo

Acabo de recibir un Twit, uno de esos muchos mensajes que amenizan el día, que levantan el ánimo y hacen ver las partes buenas dentro del tormento del aislamiento.

Empieza con la frase de que no todo es malo, que hay que saber algunas cosas, como que los pulmones de la tierra necesitan respirar.

Con todas las empresas, industrias, coches parados, la contaminación va a bajar de forma más que notable. Ya se ha dejado de ver la boina negra sobre Madrid que normalmente corona nuestra ciudad. El aire, está limpio.

A lo mejor, el pulmón de la tierra necesitaba un respiro. Para resetearse. Llevaba demasiado tiempo necesitándolo. Ahora tendrá uno, dos o tres meses de descanso, y, aunque los pulmones de los humanos son los más afectados por ésta pandemia, la tierra nos va a regalar un aire más puro.

Las personas odiaban más que amaban. Porque también el ser humano necesitaba cortar un poco su vertiginosa actividad, esa forma de vivir que si paras, te pilla el tren, en que no tienes tiempo de cuidar de lo que de verdad importa porque ya no te da el cuerpo, ni el tiempo.

El padre necesitaba más tiempo con sus hijos. Sin mirar el reloj, dedicándose a ellos no una tarde a la semana, sino con tranquilidad. Reforzando los lazos filiales, conociendo minuto a minuto la evolución de los más pequeños, que tantas veces no nos era posible.

El rico pensaba que el dinero compraba la felicidad, pero por un tiempo, todo se para, y tenemos el desafío de no pensar que lo primero que debemos hacer en ésta vida es ganar dinero, sino aprender a encontrar la felicidad en las cosas cotidianas. Una flor que nos sorprende por la ventana, el sol que nos calienta y anima, la sonrisa de nuestros seres queridos… nada de eso se puede comprar con dinero.

El futbolista tenía más éxito que el sanitario, porque lo que más nos interesaba era el espectáculo. Hoy, los aplausos diarios van dirigidos a todos esos valientes, héroes entregados que arriesgan su propia salud para ayudar a los demás. Es un merecido homenaje el que reciben a diario éste sector de la sociedad, que normalmente son anónimos.

El estrés hacía temblar los corazones. A pesar de la preocupación por la situación, las personas están más descansadas, aunque afrontando problemas, el estrés ha bajado.

Y las razas levantaron grandes fronteras. Hoy  todos nos  sentimos víctimas, comprendemos mejor a los que tenían que huir por problemas bélicos o de hambruna en sus países.  Nos sentimos vulnerables. Europa, el gran continente, dobla la rodilla ante el virus. El mundo entero cambia.

“Un día, de repente, el mundo se paró y entonces la tierra se puso a respirar aire puro.

Las personas, en su lejanía, se dieron cuenta de que se amaban.

La familia de nuevo estaba unida.

El rico, al no poder salir de casa, tuvo que conformarse con unos bollos de pan.

La gente aplaudía desde sus balcones a los verdaderos héroes.

Nuestras mentes se serenaban porque ya no había prisas. Y cuando ya todo estaba a punto de estallar, el mundo entero se unió, convirtiendo los cinco continentes en uno solo.”

Espero que éste mensaje levante los corazones de los que tengan la paciencia de leer éste artículo. Y nos haga ver las cosas de otra manera.

Habíamos considerado éste momento como una guerra, contra un enemigo invisible pero tan letal como un soldado con una metralleta.

Pues podemos cambiar la forma de mirarlo. Nunca hasta ahora, la tierra, y nosotros mismos habíamos tenido la ocasión de parar. Pero ésta vez, sí o sí. Sin opción. Ricos y pobres, blancos y negros, rojos o azules.

Para poder darnos cuenta de que todas las cosas por las que nos peleamos son relativamente importantes. Esa relatividad, ese darnos cuenta de que al final todos somos iguales, y que nuestras desavenencias tienen poca relevancia, va a conseguir que cuando salgamos de ésta, quiera Dios que no sea dentro de mucho, todos hayamos conseguido aprender una lección.

Ha tenido que invadirnos un microbio para aprender a poner las cosas en su sitio.