El agua alcalina hace furor. Sus múltiples indicaciones hacen que todos nos queramos apuntar a ésta “moda”. Solo hay que tener en cuenta alguna cuestión…

El agua forma parte en más de un 60% de la composición corporal, más todavía en los niños y algo menos a partir de cierta edad. El agua alcalina causa furor. Vamos a ver porqué.

 

El agua que has de beber… déjala correr

Déjala correr, porque el agua en su estado natural, corre, se expande, recorre tierras con propiedades nutritivas, va sacando de cada elemento minerales la alcalinizan; las rocas la dirigen, pero el agua también extrae de ellas sustancias importantes.

Está en su naturaleza fluir, no es buena cuando se estanca y pudre. Sus moléculas se vivifican, energizan, ionizan con el movimiento.

Pero nosotros la controlamos, almacenamos y conducimos a través de tuberías para tener cómodamente acceso a este preciado bien sin más esfuerzo que abrir la llave de paso.

El agua almacenada, embotellada, no tiene las mismas propiedades que el agua del manantial.

Para potabilizarla, se le introduce sustancias químicas, como flúor o cloro, eliminando de esta manera posible peligro de contaminación para el consumo humano.

El agua que resulta de estos procesos es la que llega a nuestro vaso. O en el caso de que le demos mucha importancia a la calidad del agua, compramos embotellada. Incluso en envase de cristal, ya que los plásticos no solo destruyen el planeta, sino que envenenan su contenido.

El agua alcalina, la importancia del ph

El ph mide el grado de acidez o alcalinidad que pueda tener el agua. Se contabiliza de 0 a 14, siendo ácido de 7 para abajo, y alcalino de 7 hacia arriba.

El agua potable se sitúa entre un 6.5 y un 8,5.

Es importante conocer que ph tiene el agua que bebemos normalmente. Porque ya sabemos que estamos generalmente acidificados, ya que el estrés, y la alimentación nos llevan hacia éste extremo.

Beber agua alcalina puede resultarnos útil de varias maneras:

  • Fluidifica la sangre, consiguiendo de ésta manera que llegue más oxígeno a las células.
  • Baja el colesterol “malo”, o LDL, por lo que el sistema circulatorio y el corazón se benefician.
  • Mejora el tránsito intestinal.
  • Incrementa el descanso, la relajación.
  • Las migrañas, dolores de cabeza, se controlan mejor.
  • El sistema inmune se relaja. Se vuelve más eficaz.
  • Las heridas, gingivitis, aftas bucales se curan más rápidamente.
  • Se hacen mejores digestiones.
  • Las alergias disminuyen.
  • Combate la osteoporosis, cuida de los huesos.
  • Es bueno en caso de gastritis, combate el exceso de ácido estomacal.
  • Nos hidrata más que si el agua es ácida.
  • Previene el envejecimiento prematuro. Es antioxidante.
  • Elimina ácido de las articulaciones, mejorando su movilidad.
  • Mejora el reflujo gástrico.

 

Posibles contraindicaciones

Como no todo es de color rosa, y sabiendo que los extremos son siempre malos, que el equilibrio y  el sentido común es lo que debe guiar nuestras decisiones, y no las modas momentáneas, tenemos que tener en cuenta:

  • Si tenemos poca acidez en el estómago, y tomamos demasiada agua alcalina podemos no digerir adecuadamente las proteínas. Consulta con un médico sobre la mejor manera para ti.
  • Atención sobre la fluidez de la sangre, en cuanto a posible medicación.
  • No hay que abusar de nada, ni siquiera del agua. Ser precavidos, y no cometer excesos.

La alcalinidad de 14 es tan agresiva como la acidez de 1, por lo que tenemos que saber bien donde estamos.

Algún apunte sobre la dieta alcalina

Nuestra dieta es en general excesivamente ácida. Demasiada azúcar, lácteos, carne roja, sodas, alcohol, harinas refinadas nos conducen por el camino rápido hacia un medio ácido que es el origen de multitud de problemas de salud.

Tenemos que incrementar las verduras, frutas, a ser posible de producción ecológica para evitar pesticidas y otras sustancias agresivas. Descansar, tomar nuestro tiempo para relajarnos y estar a gusto.

La polución del aire tampoco juega a nuestro favor. Respirar aire puro forma parte de la desintoxicación a la que queremos llegar.

Cuando alcalinizamos nuestro medio interno, hacemos más eficaces las vías de limpieza orgánicas. Mejora la piel, los riñones, y el hígado; por lo que además, nuestra apariencia externa también se ve más favorecida.