Los microorganismos son los protagonistas de ésta historia. Tan pequeños como matones, tienen al mundo en jaque.
Los microorganismos, esos pequeños bichitos
Sinceramente, ya no tengo muchas ganas de seguir hablando del coronavirus, pero en realidad es difícil sacárselo de la cabeza.
Entre las noticias, la cantidad de nuevos casos que aparecen todos los días, extendiéndose ya prácticamente por toda España, haciendo estragos en Italia y otros países, qué duda cabe, no podemos dejar de pensar en los microorganismos.
Los bichitos producen algo de repelús a las personas. No sé, dan como grima, encima no se les puede controlar, ni pisar, solo nos queda un remedio: hacernos amigos.
Hay un libro, un best seller, Sapiens, que muchos habréis leído, donde dentro de muchas teorías muy interesantes, (me parece muy recomendable su lectura) nos habla de la evolución de la vida.
Cuenta cómo el origen es el agua, y las primeras células se dan cuenta de que uniéndose entre ellas, van a tener más posibilidades de sobrevivir. Entonces empiezan a aparecer organismos más complejos, pluricelulares, en donde cada célula tiene una misión para defender el bien general.
Una será célula del corazón, a otra le toca el cerebro y otra, por ejemplo, el intestino. Nadie es más importante que la de al lado, y nadie se disputa ningún cargo. Todos con la misma misión, cada uno, único en su lugar, es imprescindible. Juntos, a por la supervivencia.
Pero no todas tomaron la misma decisión.
Otras, valientes, deciden tomarse la vida a su manera. Pero como en la naturaleza todo tiene una vinculación, se las apañan para invadir a su proveedor de sustancias necesarias para su desarrollo, puede ser una persona, un animal, …
Hoy tenemos más que asumido y aceptado el papel del microbioma, de la flora intestinal. Incluso ya lo consideramos como otro órgano más, aunque esté formado por millones de bichitos peleando por sus nutrientes y su espacio en la mucosa del aparato digestivo.
Aquí reside no solo ellos, sino millones de microorganismos a los que hasta nos es difícil ponerles nombre.
Unos, ayudan al organismo al que han invadido, mientras que otros, se aprovechan de él.
Dentro de un equilibrio, deben ganar “los buenos”, asegurando así al organismo receptor no solo una buena asimilación de vitaminas sino un adecuado sistema de protección contra microorganismos invasores patológicos.
Es una guerra de titanes. Solo que para verlo hace falta un microscopio.
Vamos a reconocerlo. Al final, nosotros, los super-hombres, no somos más que un ecosistema donde coexisten millones de seres diminutos de los que dependemos, y a los que incluso servimos. Ellos tienen la capacidad de mandar instrucciones al torrente sanguíneo para que actuemos como ellos quieren: si quieren más azúcar, o más proteína, … ellos son los verdaderos amos.
Y aquí llega el protagonista de la película. Un bichito que por sí solo no puede vivir. Tan incompleto que sin huésped no hace nada. Sin embargo, ahora estamos todos los mayores y mejores cerebros intentando parar lo que está siendo una pandemia.
No solo está afectando a la salud física y emocional, con tanto contagiado y tanto miedo, sino a todos los niveles sociales, la industria, el turismo, la economía, … no hay nada que se pueda quedar al margen.
¿Y quién es el culpable del pánico? Un bichito. Tan pequeño que no se puede ver. Pero tan poderoso, que cambia políticas de los países más importantes, doblega las voluntades más férreas, hace pequeñitos a los más grandes.
Como combatir ésta guerra
Dentro de no mucho los laboratorios sacarán una vacuna que conseguirá parar ésta locura.
Por ahora, vamos a combatir ésta batalla con otros bichitos. Probióticos, específicos para la protección anti-viral, va a ser nuestro mejor escudo, la mejor arma.
Desde luego, las normas de higiene son imprescindibles, así como evitar estar en sitios donde pueda estar el virus.
Pero el Centro Médico Healthing os propone Rotanelle, de laboratorio Bromatech.
También es una buena idea tomar un suplemento de vitamina C, de Douglas.
Es un importante estimulador del sistema inmunológico. Protege de las infecciones bacterianas y víricas. Se toman dos pastillas con el desayuno durante 15 días, y después una dosis de una como mantenimiento.
A los bichitos les plantamos cara. Esta batalla, la vamos a ganar.
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