Evitar lo peor te priva de saborear lo mejor. La vida se compone de muchas situaciones inconvenientes, no debemos evitar vivir, sino hacerlo con la mayor capacidad.

“Experiencia es el nombre que todo el mundo da a sus errores”.” Intentar evitar equivocarse es la mayor de las equivocaciones”.” El fracaso es la mejor forma de superarse”. Encontramos miles de frases que nos animan a no escatimar los errores. Por algo será.

Aprender del error. Haz que lo peor te impulse a lo mejor

No tengas miedo de equivocarte, de hecho, la única manera de aprender, es cometiendo errores.

Hay un “músculo” que es importante trabajar a lo largo de la vida, que se llama resiliencia. Esta es la capacidad que debemos desarrollar para superar situaciones traumáticas o difíciles que puedan surgir.

Esta cualidad hay que trabajarla, como cuando vamos al gimnasio a incrementar la masa muscular. No se desarrolla sin más, necesita ejercicio. Y eso se consigue a base de pequeñas equivocaciones que vamos superando.

Cuanto peor, mejor; no es aconsejable nunca caer en los extremos, pero nos puede servir como pauta para acordarnos de que caerse muchas veces nos ayuda a levantarnos, y esa es la forma de ejercicio que vivir exige.

Si continuamos con la comparación del sistema muscular, cuando hacemos deporte es frecuente sentir agujetas. Estas son desgarros en el tejido, signo de haber trabajado. El cuerpo reacciona ante la agresión regenerando.

Sin regeneración, hay declive.

Sin error, no hay aprendizaje. Pasa a todos los niveles. Y de ahí deriva la experiencia, lo que hace que personas con más edad, que han pasado por muchas cosas en sus vidas y las han superado, sean de alguna manera “mejores”.

Si no has sufrido pequeñas caídas, y has conseguido levantarte, cuando te llega una grande, no tendrás fuerzas para remontar.

Considera los errores como oportunidades

No intentes evitarlos. Todo lo contrario. Al enfrentarte a nuevos retos, es más que probable que te equivoques. A corto plazo te puede parecer frustrante, humillante.

Pues intenta focalizar más a largo plazo. Si no hay error, no hay progresión.

Si no te metes a aprender cosas nuevas, no te equivocarás, pero tampoco llegarás a sacar lo mejor de ti mismo.

Las victorias con esfuerzo saben mejor. Si entramos en el miedo al error, dejamos de experimentar, nos arrinconamos en nuestra zona de confort, y es más que probable que la propia vida nos obligue a salir de ahí a la fuerza, y si no nos hemos preparado, tendremos  menos capacidad de superación.

Si eres padre, o madre, ten esto en cuenta

No sobre protejas a tus hijos. Déjales que aprendan, que caminen, que se equivoquen, es la mejor forma de darles herramientas para que el día de mañana sean adultos maduros.

Recuerda cada vez que intentes tomar decisiones por ellos, de que les estás perjudicando. Cada vez que interfieras en su camino, cada golpe que intentes ahorrarles, les estás impidiendo que ejerciten su capacidad de resiliencia.

De forma inconsciente, los adultos inculcamos nuestros miedos e inseguridades a nuestros hijos. Les queremos tanto, que queremos evitarles vivir las malas experiencias.

Pero es que la vida está compuesta por malo y bueno, desagradable y placentero, triste y alegre, divertido y aburrido, difícil y fácil;… y lo uno cobra sentido por contraposición a lo contrario.

La forma de ayudar es no dramatizar los fracasos, sino aprender de ellos, animar a meterse en distintas actividades,  fomentar la creatividad, empujar  a las personas a que innoven, a que se lancen, y, probablemente, gracias a las múltiples caídas, se harán más fuertes, más seguros.

Si intentas evitar situaciones difíciles a tus hijos, entre otras cosas les estás proyectando un mensaje de que crees que no están capacitados para resolverla, y por lo tanto lo que vas a transmitir es inseguridad.

Conclusiones

Lo peor no es tan malo, de ahí suele salir lo mejor de las personas. Los errores curten, hacen que aprendamos, ejercitan la musculatura necesaria para salir adelante en la vida.

No te lo evites a ti mismo, ni a las personas que quieras que dependan de ti. Solo hay que estar ahí para tender la mano, consolar, ayudar, pero si transmites excesiva protección, también estás enviando el mensaje de que la persona es impotente para resolver la situación.

Fracasar no tiene mayor importancia. Es el primer paso y por lo tanto, el más importante, para alcanzar la victoria.