¿Qué pensarías si vas a ver a un médico a su consulta, y en vez de darte medicamentos te receta que tengas más gratitud por lo que tienes?

La gratitud, ¿puede sanar?

Ni me imagino el soberano disgusto que puedes llevarte si acudes al médico y en vez de recetarte omeoprazol  y estatinas te receta agradecimiento.

¿Te has parado a pensar en que de alguna manera somos nosotros, los pacientes, los culpables de la sobre medicación que existe en nuestra sociedad?

Despreciamos  todo lo que no esté en los protocolos establecidos, y eso nos hace ser en alguna ocasión, víctimas de nuestro propio desconocimiento de las posibilidades que tiene el propio cuerpo de regenerarse, de sanar.

Si vas a una consulta médica, y su diagnóstico no adjunta una buena lista para ir a la farmacia, te quedas sin saber qué hacer ni qué decir.

La palabra tiene mucha fuerza sanadora en las personas, la actitud que tengas ante la vida, también.

Todos hemos sido protagonistas de ello.

Una palabra amable,  puede llegar a cambiarte el día. Sentirse querido, apreciado, cambia completamente la bioquímica del cuerpo, dejando de emitir hormonas del estrés, y dando paso a otras de tranquilidad y regeneración.

Hasta qué punto la palabra puede ser sanadora, depende de cada uno, y de saber utilizar el lenguaje con acierto. Sin embargo, los médicos no reciben instrucción de éste tipo. Cada uno actúa según su criterio.

Imagínate que vas a un médico que cuando te sientas te mira, deja el boli un poco aparcado, y apaga el ordenador. Te escucha con atención, y se preocupa por entender tu situación, física y emocional.

Imagina entonces que el diagnóstico tiene que ver con cómo te tomas las cosas en la vida. Y  que el dolor de estómago viene de emociones que no estamos sabiendo gestionar.

Probablemente saldrías enfadado, pensando que has ido al médico por un dolor digestivo y te ha mandado al psicólogo. ¿Y si está actuando de la mejor manera para ti? ¿Y si estamos metiendo presión a los buenos médicos, a que nos recete medicamentos en vez de buenas prácticas?

Las cosas que nos suceden  no tienen vuelta atrás, la diferencia radica en cuál es nuestra actitud al afrontarlas.

¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío?

Ver la vida desde el prisma dela gratitud es toda la diferencia. Incluso las experiencias negativas son oportunidades de aprender, de hacernos más fuertes.

Agradecer todo lo bueno que nos sucede es un raro ejercicio que pocos practican. Y es que lo que tenemos lo damos ya por supuesto, y enseguida queremos otra cosa y chocamos con rabia o frustración.

Sin embargo, el efecto de cambiar nuestra actitud por una de agradecimiento consigue efectos tan favorables a nuestro bienestar que debemos darle un sitio de honor en nuestra vida.

Hagamos una lista diaria de qué nos ha sucedido de lo que tengamos que estar agradecidos.

Para muchos es ya un milagro abrir un grifo y tener agua potable, o darle a un botón y que se encienda una luz. A partir de ahí, las diferencias con nuestro entorno son inmensas.

Yo os propongo intentar cambiarnos las “gafas” y empezar a apreciar de otra manera nuestra forma de vivir, y las cosas que tenemos en nuestra vida de la que tenemos que estar agradecidos.

Ahora puedo pensar rápidamente en alguna cosa que agradecer;  que disponemos de cobertura sanitaria de primer orden, de que nuestras calles son seguras, de que nuestro plato está lleno todos los días, de que nuestros parques al atardecer son una delicia…

Y no es una tontería, ni lo hacemos por hacer un ejercicio de psicología rápida que no sirve para nada.

El agradecimiento lleva a un estado de relajación que ayuda al sistema parasimpático a actuar sanando el cuerpo. Desenchufa la alerta que todos en general en nuestra sociedad tenemos demasiado activo, haciendo el camino de  la enfermedad más fácil.

Cambia el humor, nos hace menos irritables, más felices. Y todo este poder lo tiene una palabra, que no produce más que efectos secundarios beneficiosos, una palabra que podría parecer mágica, si no supiéramos que su modo de actuación es puramente fisiológico.

Aún puntualizamos más: sabiendo el efecto tan poderoso que tiene el dar las gracias, lo tiene por igual el ser agradecido.

La gratitud no debería ser tan difícil de practicar, pero no en plan educadito, sino transmitiéndolo de corazón.

Dar las gracias significa reconocimiento del valor del otro. Aprecio. Esa sola palabra puede ayudar a que la persona que se siente valorada entre también en un proceso de sanación.

Así de fácil, de barato, de importante.

Yo, si voy a la consulta de un médico, y me ayuda a sanar mediante palabras mágicas, estaría lejos de sentir decepción o enfado. Tendría un profundo agradecimiento.

Centro Médico Healthing