No es fácil tener bien abastecida la despensa, hay que dedicar tiempo a ello. Te damos alguna pista para facilitar la tarea.
La despensa ideal
No todos tenemos las mismas necesidades nutricionales, ni llevamos la misma dieta. Pero si nos imaginamos una familia “normal” si es que eso existe, y las cosas básicas que debemos tener para una nutrición variada completa equilibrada y saludable, podemos confeccionar una lista general.
- Lo primero, la limpieza y buenas condiciones del armario donde guardamos los alimentos son cruciales.
Que la humedad, los posibles visitantes con patas no tengan acceso a nuestra despensa, en suma, que las condiciones del sitio donde guardamos los alimentos sean apropiadas.
- Lo segundo, que los alimentos que menos debamos consumir estén menos accesibles. Esto nos ahorrará que haciendo el típico gesto de abrir la despensa sin tener realmente ganas de comer, no acabe con la caja de las galletas.
- Lo tercero, tener una lista de qué nos está faltando. Tener una despensa debidamente surtida, es clave para que a la hora de cocinar tengamos variedad y sea divertido.
Una vez tenemos lo anterior, pasemos a la lista:
- Es muy versátil. Pero no vale cualquiera. En el mercado encontramos gran variedad, de garbanzo, de espelta, de trigo, atrévete con las menos clásicas que pueden sorprenderte, e intenta que sea integral.
A veces, cuesta algún tiempo acostumbrarse a nuevos sabores, ten paciencia.
- Aceite; en casa utilizo oliva virgen, para cocinar; pero para las ensaladas me fijo que sea de extracción en frío, ya que es la manera de aprovechar los beneficios del aceite.
- Sal y especias. Duran mucho tiempo sin estropearse, por lo que tener buen acopio de ellas dan mucho juego y versatilidad a los platos. La sal, no compro nunca la yodada, ya que es carente de los minerales necesarios. Mejor opción es la Rosa del Himalaya, la Maldón, y ahora en el mercado cada vez aparecen más tipos de sal mezcladas con especias que son muy sabrosas.
- Siempre salvan de situaciones y son saludables. Lentejas, garbanzos, alubias, de tamaño pequeño son de mejor digestión. Las conservadas en envases de cristal pueden ser una buena opción, siempre que no se utilice azúcar para su conservación.
- Frutas y verduras deshidratados o en conserva. Intenta comprar orgánico, de buena calidad y preferiblemente en cristal, que luego reciclaremos. El tomate deshidratado es muy sabroso.
- Dátiles, frutos secos, muesli, pasas, que mezclados con arroz, o quínoa, pueden componer un nutritivo plato.
- Arroz: salvaje, integral, basmati, los arroces se conservan bien y siempre conviene que no falte en la despensa. La quínoa también debe tener lugar de honor, por su sabor, y por ser alta en proteína, es una buena opción para todos.
- Azúcar panela. En el estante que menos accesible tengamos. Porque ya sabemos que el azúcar debe ser restringido de la dieta.
- Miel: yo recomiendo la Miel de Manuka, que está llena de propiedades benéficas para la salud. Forma parte del botiquín. Pero una miel de calidad, es un placer que podemos consumir esporádicamente en casa. (por su alto contenido en azúcar)
- Pasta; aquí pasa lo mismo que con la harina. Atrévete a probar la pasta de espelta, de garbanzo y de otros cereales además del trigo. No escatimes en calidad.
- Café. Ecológico. Tomar café es beneficioso si la calidad es buena y la cantidad no es excesiva. Evita el torrefacto, ya que éste es un proceso que para conseguir un sabor más agradable se emplean temperaturas elevadas que acaban con las buenas propiedades del café.
- Son apropiadas para terminar una comida o una cena. Haz una selección de buenas infusiones y tés según las necesidades dietéticas o lo que más te guste: un poleo, menta, regaliz, anís, y tantas otras son un auténtico regalo para combatir el frío y son fuente de salud.
Tener una bonita caja o cesta con variedad es apropiado, ya que además, no se estropean.
El plan es el siguiente: tenemos en casa una buena base, y sólo con comprar un par de productos frescos llegamos y cocinamos en poco tiempo un menú variado y divertido.
Evitamos comprar productos ya cocinados, o precocinados, y además, intentamos no adquirir nada envasado con plástico, y llevamos a la compra nuestra propia bolsa reciclada para impedir ahogar al mundo en éste material que no se degrada.