Hoy Miércoles de Ceniza, es un día en el que el cristianismo celebra  la Cuaresma, que es un periodo de ayuno y reflexión para renovarnos por dentro y por fuera.

Miércoles  de Ceniza, 26 de Febrero

Es una festividad anual, donde se realiza un ritual, que comparten algunas religiones, como la cristiana, y la anglicana, que marca el inicio de un periodo de ayuno, oración, limosna y abstinencia.

La llegada del  Miércoles  de Ceniza marca también el inicio de  la Cuaresma, que como su nombre indica son cuarenta días que terminan el día de la Resurrección, un domingo.

A lo largo de la historia, es una costumbre que ha tenido sus momentos de mayor auge, y de que se perdiera  y cayera en el desuso.

¿Qué os parece si empezamos?

Si en vez de mencionar la fecha cristiana hubiera lanzado un desafío de ayuno y meditación, a nadie le hubiera parecido extraño. Si hablamos de ayuno intermitente, suena moderno; o si decimos que no hay que abusar del consumo de carne roja, encaja perfectamente con nuestro tiempo.

Pero el Miércoles de Ceniza tiene en sus espaldas cientos  de años. Como suena. Y aunque no nos parezca cool, ya, en el año 300 después de Jesucristo, se practicaba ayuno intermitente y Mindfulness.

Lo único que cambia es el nombre, pero el fondo, lo mismo.

¿Por qué ahora?

Cuarenta días. Precisamente ahora. ¿Cuál será la razón? Si os fijáis coincide con el fin del invierno y el principio de la primavera.

Eso es interesante. En los cambios de estación, la temperatura,  las necesidades nutricionales, lo que nos da la naturaleza, nuestro ánimo, incluso el horario, también cambian.

Porque durante los meses fríos, comemos más alimentos calientes, más grasas, estamos más arropados, más dentro, anochece pronto, infusiones, caldos. El invierno es más yang, la primavera es el inicio del ying.

Hay dos momentos en el año, primavera y otoño, en el que la naturaleza nos da un momento de adaptación a la crudeza del invierno o del verano.

Pues vamos a entrar poco a poco en la primavera, y el Miércoles de Ceniza nos va a ayudar a marcar, a darnos un empujón, a que nos preparemos física y emocionalmente  para el fin del invierno y comienzo de una nueva estación.

Y, ¿Qué mejor manera que la que nos marca la Cuaresma?

Veamos:

Ayuno:  Hoy en día, todos los médicos y nutricionistas están de acuerdo  sobre  los beneficios del ayuno. Lo llaman de distintas formas,  y se puede realizar de muy diversas maneras. Pero al final, es lo mismo. Dejar que el cuerpo descanse de tanta comida. Renunciar a esos alimentos de los que durante todo el año nos atiborramos.

Ayuno intermitente, dieta de eliminación, cetogénica, … llámalo como quieras, pero el final es lo  mismo, dejar de comer en un grado u otro.

Abstinencia se refiere sobre todo a no comer carne los viernes. No  se me ocurre un consejo más moderno que ese. Un día a la semana, abstenerse de consumir proteína animal.

Hoy, no paramos de leer en los periódicos start ups que están investigando y ya están en el mercado, con éxito, cómo hacer comida que parece carne pero no lo es. O también, de qué manera obtenerla sin tanta contaminación ni crueldad  y maltrato animal.

Pues, sin ofender a nadie, hace casi 2000 años todo esto ya se veía venir.

Si alguien de aquella época viera la manera que tenemos hoy de alimentarnos, ¿Qué pensaría?

Imaginaros! Ellos, desde luego no tenían los problemas de tanta comida basura que tenemos nosotros ahora.

Pues limpiaban sus cuerpos haciendo ayunos. Y sus mentes haciendo meditación.

Oración: También lo podemos llamar Meditación, para no chocar con las ideas de nadie. Reflexionar. Parar. Pensar si estamos haciendo lo correcto, si estamos bien con nosotros mismos, a gusto con la vida que nos hemos diseñado.

Podemos hacer Mindfulnes, yoga, meditación ayurvédica o como  queramos. Pero el resultado es el mismo.

Salir un poco de la rutina, quedarnos aparte del camino, poner la señal intermitente de que nos hemos detenido, para no causar estragos a nadie, y mirar, desde fuera, si nos gusta o no por dónde vamos.

Limosna: Aquí nos paramos no solo a ver cómo estamos nosotros mismos, sino como están las personas que tenemos a nuestro alrededor.  Amigos, familiares, vecinos, ¿Cómo van nuestras relaciones con ellos?

Porque la generosidad forma parte del vínculo saludable que tendríamos que fomentar para tener unas relaciones sociales sanas.

Los hombres somos seres concebidos para vivir en comunidad. No es buena la soledad, sobre todo es muy mala la que uno no busca, sino que te encuentra.

Os animamos a que empecemos unos días de introversión, de ser capaces de renunciar a comer como siempre, y  cuidar del cuerpo y la mente durante cuarenta días con calma. Seguro que si somos capaces de hacerlo, no solo nuestro organismo, sino nuestra fuerza de voluntad, y valía personal, saldrán ganando.