Los  seres humanos somos emocionales. Las emociones nos dan información a veces sesgada de la realidad que nos rodea. Aprendamos a localizarlas.

Las emociones

Los seres humanos somos emocionales. Es verdad que a lo largo de la vida, la madurez y la experiencia  conduce a un control sobre lo que sientes,  y ello es un indicador de haber alcanzado madurez  y control sobre nosotros mismos.

Alegría, tristeza, ira, miedo, asco, sorpresa son las seis emociones de donde derivan las demás, como el amor, la admiración, la envidia, la empatía, y tantas otras.

La emoción no está relacionada con la realidad, sino con nuestra forma de verla.

Realidad es aquello que sucede objetivamente, y que lo percibimos a través de nuestros sentidos. Es en éste momento cuando se produce la interpretación, dejamos de diferenciar lo que en realidad sucede y el sentimiento que nos provoca.

Emoción y pensamiento

Es importante que sepamos distinguir, si queremos llegar a tener un control sobre nuestro estado de ánimo, entre las emociones y los pensamientos.

Si nos dejamos llevar por la subjetividad inevitable de nuestras emociones, acabaremos teniendo una relación disfuncional con la realidad. Nuestra relación con el mundo tendrá una óptica sesgada y poco sana.

Como lo sientes, lo vives. Y muchas veces, aunque sepas racionalmente que estás distorsionando la realidad, no eres capaz de cambiar la emoción.

Esto lleva a mucho sufrimiento, porque frecuentemente los más duros jueces somos nosotros mismos; de aquí derivan los desórdenes  en la alimentación, la ansiedad, la depresión, y tantas emociones que no solo se quedan ahí, sino que inciden en la fisiología.

También nos podemos encontrar que emociones de empatía, de amor o de ternura nos hace acometer empresas imposibles, haciendo actos heroicos por ayudar a, por ejemplo, un niño en peligro, o un animal desamparado.

Dale rienda suelta a las emociones

No recomendamos negar las emociones, aunque éstas sean negativas y erróneas, no debemos esconderlas, sino aprender a gestionarlas.

Una vez des rienda suelta a la emoción, intenta abstraerte de ti mismo  y convertirte en un observador de la reacción.

Tantas veces cuando te acuerdas de lo que sentiste en un momento determinado, por ejemplo, un enfado en una situación, o con una amistad, te das cuenta de lo equivocado que estabas o de la desproporción que tenía con la realidad objetiva.

El tráfico, por ejemplo, saca las peores emociones de los conductores.  Ello nos lleva a situaciones de estrés, y también a accidentes.

Emociones y fisiología

¿Serias capaz de indicar donde afecta de tu cuerpo las distintas emociones? Para que nos demos cuenta de la relación directa que hay entre lo que sentimos y nuestro organismo, intentemos poner el dedo en el sitio exacto que notamos que inciden las emociones.

Por ejemplo, el estrés produce dolor de cabeza, el miedo muchas veces se siente en el estómago, o cuando nos sentimos invadidos de amor sentimos como un calor que inunda la zona del pecho.

Las emociones básicas

La alegría. La sentimos cuando alcanzamos un logro. Da igual lo que sea, un jersey que te gustaba, unas entradas de fútbol, o aprobar un examen que venias tiempo preparando. La alegría es una recompensa.

La tristeza. Indica una pérdida. De un ser querido, de una ruptura sentimental o de no haber conseguido un objetivo.  Para buscar encauzarla, pregúntate qué puedes aprender de la experiencia,  e intentar buscar alguna actividad que mejore tu estado de ánimo.

El enfado es una emoción que se retroalimenta, y por cosas pequeñas se puede convertir en una gigantesca bola que justifique la reacción. La mejor forma de lidiar con el enfado es dejar que se enfríe, porque literalmente, el enojo produce calor.  Al pasar tiempo, se llega a la mejor forma de lidiar con lo que nos ha producido el sentimiento.

El miedo indica una falta de recursos para afrontar un desafío. Si nos atacan por la calle, nos sentimos indefensos y sentimos miedo, o si no sabemos responder las preguntas de un examen, o en cualquier circunstancia en que sintamos que la situación nos sobrepasa.

El miedo es un aliado de la prudencia.

El asco, que aparece cuando te disgusta, por ejemplo, una actuación que consideres poco apropiada, o un alimento que no soportas, o un animal.  Indica rechazo, falta de aceptación. A lo mejor nos deberíamos aquí plantear dar una segunda oportunidad a esa comida que no aceptamos, o, más importante aún, a esa persona por la que desde el primer momento sentimos adversión.

La sorpresa, reacción inevitable que surge ante lo inesperado. Esta emoción conduce a cualquiera de las mencionadas, puede de ahí surgir la tristeza, el asco, el miedo o el enfado.

 

Los  seres humanos somos emocionales. Las emociones nos dan información a veces sesgada de la realidad que nos rodea. Aprendamos a localizarlas.