Los conceptos a veces se confunden. Hay que saber hasta qué punto llevar una vida ordenada sirve para que la genética no nos marque.

¿Qué son la genética y la epigenética?

La genética es una rama de la biología, que estudia el mecanismo de transmisión de caracteres físicos, bioquímicos o de comportamiento de generación en generación. Mendel descubrió que los rasgos hereditarios están determinados por la presencia de una pareja de factores distintos (genes) que proceden uno de cada progenitor.

Los estudios en éste sector están dándonos continuamente descubrimientos  vertiginosos, la ingeniería genética está consiguiendo avances que desafían nuestra imaginación.

La epigenética estudia las reacciones químicas que modifican la expresión de los genes, sin alterar su secuencia. El término lo acuñó el científico Conrad Hal Waddington en 1942, para definir las interacciones entre los genes y el medio ambiente en que se producen los organismos. Los mecanismos de la epigenética se transmiten generación tras generación, por lo que pueden estar presentes en la expresión de algún tipo de patología como problemas cardiovasculares, cáncer, etc. que pasan de padres a hijos.

Genética, epigenética y música

Para hacernos una idea gráfica de cómo funciona la genética y la epigenética podemos hacer una comparación con una obra musical.

Cada una de las células tiene la misma partitura, pero cada una de ellas la va a interpretar de una manera diferente. Una célula del tejido adiposo, por ejemplo, no tiene las mismas necesidades que una neurona, y así hasta la última célula del cuerpo tiene un comportamiento particular.

En un momento del concierto, el violín tiene que tocar allegro, o más suave, cada uno lee su propia partitura. Con una misma base de información para todos, se producen infinidad de interpretaciones.

 

También puede ser ilustrativa la siguiente comparación explicada por Thomas Jenuwein:

“La diferencia entre genética y epigenética probablemente puede compararse con la diferencia que existe entre escribir y leer un libro. Una vez que el libro ha sido escrito, el texto (los genes o la información almacenada en el ADN) será el mismo en todas las copias que se distribuyan entre los lectores. Sin embargo, cada lector podría interpretar la historia del libro de una forma ligeramente diferente, con sus diferentes emociones y proyecciones que pueden ir cambiando a medida que se desarrollan los capítulos. De una forma muy similar, la epigenética permitiría diferentes interpretaciones de un molde fijo (el libro o código genético) y resultaría en diferentes lecturas, dependiendo de las condiciones variables en las que se interprete el molde.” Thomas Jenuwein (Viena, Austria)

 

No estamos “condenados” por nuestros genes

El cuerpo humano es una máquina perfecta, pero aunque tengamos una información genética que nos transmiten nuestros antepasados desde tiempos remotos, no estamos predeterminados.

No solo no lo estamos, sino que somos libres de actuar como pensemos y saber que nuestra forma de vivir, de pensar, de comer, de sentir va a influir de forma negativa o positiva sobre la forma de expresarse que va a tener nuestro código genético.

No estamos condenados, lo que si tenemos es una predisposición a una u otra característica que si actuamos de cierta manera dispara la expresión del gen.

  • Lo que sentimos, el estrés, la negatividad, o la alegría y el optimismo, van a tener unas consecuencias en nuestros mecanismos genéticos.
  • Lo que hacemos: si abusamos del sedentarismo, o si nos excedemos en el ejercicio físico y lo convertimos en extenuante, si somos unos frikis del ordenador, y padecemos el exceso de radiaciones, se va a reflejar también.
  • La alimentación; donde cada día vemos más problemas de toda índole, intolerancias, indigestiones; la buena alimentación repercute positivamente en el cuerpo.
  • El descanso: mientras el cuerpo descansa, se regenera. Es un momento ineludible para cualquiera.

Nuestros pensamientos, los hábitos de vida, importan. No estamos predestinados, somos dueños de nuestra fisiología, somos dueños de nuestro destino, no hay nada escrito.