Nos entristecen  las declaraciones de Rafael Nadal quejándose del fanatismo de un público que ha enturbiado el campeonato de Australia.

Hincha si, pero no queremos fanatismo

Me encanta el deporte, y seguir los campeonatos produce ilusión, adrenalina, admiración, incluso frustración y coraje, pero el fanatismo hay que erradicarlo de raíz.

Todo lo bonito, lo emocionante del deporte se estropea por un puñado de mal educados.

No comprenden donde están, ni valoran el trabajo de los deportistas, ni de sus equipos, entrenadores, árbitros, y toda la gente que está ahí para hacer el espectáculo posible.

El fanatismo llena las gradas de insolencia, descortesía, mala educación, salvajismo.

Si se piensa que a base de gritos e insultos se va a conseguir la victoria del equipo al que se apoya, se equivocan. Lo único que se logra es deshonrar a los deportistas, insultar a los que honestamente lo dan todo. Y si consiguen ganar, probablemente la ganancia no les sepa dulce, sino que se avergüencen de la forma en la que se ha conseguido.

Fanatismo: el diccionario nos menciona sinónimos como intolerancia, exaltación, intransigencia.

El fanático no razona, va más allá de toda lógica y mesura, desborda su pasión de forma absolutamente incontrolada.

Incluso te puede llevar a la violencia, tanto física como psicológica.

Generalmente el fanatismo se localiza en la juventud. La defensa ilógica, irracional, el apasionamiento obsesivo se apodera con más facilidad de las personas con el carácter menos hecho.

El fanático se entrega, se enamora de la persona a la que decide seguir, porque necesita de alguna manera seguir un ídolo, alguien al que admirar.

Y así, encontramos  verdaderos problemas de personalidades violentas, que enturbian un buen ambiente deportivo.

Como ejemplo de violencia extrema fue el asesinato de John Lennon, cuyo seguidor le pegó 5 tiros pensando que adquiriría la fama del gran cantante.

En el mundo del deporte

El suceso acaecido por Rafael Nadal en Australia, vuelve a abrir la herida de cómo el público puede estropear la fiesta.

Deportistas como nuestro Rafael y Djokovic han sufrido un espectáculo bochornoso por el público serbio que apoyaba a su jugador. Realmente, intolerable.

Un fanático puede llegar a acuchillar a una tenista, como en el caso de Mónica Seles, por la espalda. Esta chica de 18 años, tuvo suerte, pero su vida deportista se terminó.

El deporte tiene que tener claro que ningún tipo de violencia debe entrar en ninguna grada.

Nuestro consejo es: mantener un ambiente sensato, disfrutar a tope, animar en todo a los de tu equipo es perfecto, pero sin perder el control.

Recuerda, el fanatismo, tiene las siguientes características:

  • La irracionalidad, aunque le demuestren la equivocación, son incapaces de aceptarla.
  • Sus ideas son rígidas, dogmáticas, inflexibles.
  • Son tenaces ante la defensa lo que sienten.
  • Creen tanto en lo que piensan, que intentan inculcárselo a los demás.
  • Su vehemencia puede conducir a la violencia.
  • No saben controlar su pasión, su vehemencia.
  • Pueden llegar a hacer cualquier cosa.

Decimos que no a la violencia, en cualquier ámbito, y en este caso particular, en el deporte.

Queremos ser en esto tajantes, no reírnos ante la pasión de los que lo practican, sino hacerles ver lo inadmisible que resulta.

Los caballeros se ven en la mesa y en el deporte. Es una frase que decía mi abuela, y, a pesar de que el tiempo pasa, y todo evoluciona, sigue siendo actual.

Porque es cuando la tensión sube, cuando las pasiones se desbordan, cuando más autocontrol y educación, respeto y coherencia hay que mostrar.

En todos los eventos deportivos, los competidores dedican unas palabras de agradecimiento por el apoyo del público. Y es que ser buen animador es crucial. Pero sin perder la razón, y caer en el fanatismo.

Y es que ganar es importante, pero la lección que nos da el deporte va más allá. Un día se gana, otro  se pierde. A base de competitividad, de entrenamiento y esfuerzo se consiguen victorias increíbles. Tenacidad, y grandes equipos llevan a los deportistas a lo más alto.

Pero yo, como aficionada al deporte que soy, me enorgullezco cuando mi equipo, o cuando mi deportista favorito aunque haya perdido se ha comportado, lo ha dado todo, pero ha dado ejemplo  de  corrección y buenas maneras.