Somos seres esencialmente sociales, y plantearnos un tiempo de estar solo basta para que se nos pongan los pelos como escarpias. Pero si estás solo, aprovéchalo.

Estar solo, o estar demasiado acompañado

Tengo una amiga a la que invité a una casa familiar en la que nos reunimos muchos; todos los que podemos escaparnos, y lo pasamos genial.

Tíos, sobrinos, abuelos, es todo un lujo, nos reímos, comentamos todo lo humano  y lo divino, hay correteando perros y gatos;  con unas bermudas y un traje de baño, haces el verano. Los desayunos empiezan tarde y no terminan nunca, las tardes son perezosas y la televisión no se enciende.

La noche despierta las ganas de salir, la buena temperatura, las noches estrelladas, el bendito mar Mediterráneo que hechiza con su movimiento suave.

Y otra vez a desayunar,  así van pasando lentamente los días.

Pues después de pasar unos días con nosotros, mi amiga comentando con otras personas cómo fue pasar tiempo ahí, me sorprendió.

“Es un plan estupendo, pero es increíble, es que lo hacen todo juntos” Señaló la palabra juntos varias veces. Algo agobiada,  me hizo darme cuenta de la intensidad del ambiente familiar de nuestra casa. Y, con mucha gracia, seguía con su descripción señalando que ella tenía la necesidad de separarse de esa piña y estar un rato sola.

Estas solo, gestiónalo bien

Lo que a priori podría parecer triste, saber estar solo es importante. Para la mayor parte de las personas, si se les planteara  una semana de soledad, pensarían que es una tortura a la que no quieren enfrentarse. La sociedad nos lleva a considerar estar solo como anormal.

Pero en la soledad pasan cosas interesantes. Descubres cosas sobre ti mismo. Es un momento  para conocerte, pensar, dormir,  quitarte aunque sea por un corto periodo de tiempo cargas sociales que hacen que te comportes de una manera determinada.

Unos días de estar solo es saludable.

Te das la oportunidad de reflexionar, pensar en qué punto de la vida estás, ser agradecido por lo que tienes, cambiar las cosas que no te gusten.

Las personas que saben ser agradecidas encuentran más natural ser felices. Por ello es importante hacer consciente todas las cosas buenas que te rodean, y tener la capacidad de  apreciarlo. Puede ser una relación, un paisaje, una canción…

Estar a solas es una elección libre, sentirse solo es diferente.

Si te das la ocasión de apagar el ruido de alrededor tuyo y  haces el ejercicio de escuchar la voz interior, encontraras cosas sobre ti mismo que desconocías. Haces por un tiempo lo que quieres, descubres en ese “egoísmo” talentos o aficiones que no tenías identificados, por el ruido diario de la rutina.

Puede ser que cueste trabajo buscar ese momento, cuando en el fondo de tu corazón te asusta ese profundizar en ti mismo, y es más sencillo estar siempre obligado a cumplir con el entorno laboral, social, familiar.

Es posible que tengas ganas de llorar, gritar, rebelarte, es enfrentarte a la verdad, y para eso hace falta valentía.

Es como hacer un détox, que los primeros días pueden hacerte sentir mal, con dolor de cabeza, señal de que te estás limpiando.

Estar solo es un aprendizaje. Necesario. Curativo. Donde liberas a tu alma de falsas ataduras, descubres lo que realmente quieres, encuentras el camino de lo que de verdad eres y hacia donde debes seguir el camino.

Ahora que se acerca el periodo de vacaciones, no es mala idea separar unos días para estar solo. Si no puedes, plantéate hacer como ejercicio aunque sea durante una hora, o unos minutos, estar contigo mismo, sin ruidos, intentando escuchar a tu corazón.

Como todo ejercicio, es muy posible que al principio no te guste, que te produzca unas “agujetas” que hagan que cueste retomar, y que con facilidad quieras eludir el momento. Por eso, empieza poco a poco, incluso 5 minutos son buenos, pero que ese momento sea de calidad. Convierte éste tiempo en parte de tus hábitos de vida.

Cuando el tiempo pasa, te das cuenta de que no conocerte a ti mismo no te libra de nada, todo lo contrario, es como la ley, que aunque no la conozcas, vives con ella.

Y entonces, cuando te inviten a pasar unos días en una casa demencialmente familiar, te pasará como a mi amiga, buscarás desesperadamente un rato, como quien busca un tesoro, para estar solo.