Eliud Kipchoge bate el récord del mundo en el maratón de Berlin. Inspira y enseña humildad y tesón para conseguir metas.

El mundo entero  siguiendo la fascinante carrera del keniata de 33 años, Eliud Kipchoge, bate el récord del mundo de maratón en Berlín.

 

Dos horas, un minuto y treinta y nueve segundos: Eliud Kipchoge

Es el tiempo que ha necesitado Eliud para conseguir batir el récord del mundo en el maratón de Berlin.

Con la sonrisa en la boca, cuando terminó la prueba sus primeras palabras fueron:

“Solo puedo decir una palabra, gracias”

Al ver estas declaraciones, esta actitud de humildad sobrecogedora después de convertirse en un auténtico líder, lo que me hubiera gustado es poder responderle, gracias a ti.

Porque no solo ha batido el récord del mundo. No solo se convierte en un modelo a seguir por cualquier persona de bien en el planeta, sino que con su forma de hacerlo nos da una lección de vida.

Si te metes a examinar cómo son los entrenamientos de Eliud, podrás ver el inmenso sacrificio y esfuerzo que tiene que realizar en todas sus sesiones de ejercicio. Sobre todo en los últimos días antes de la carrera.

Pero sus palabras no son “me lo merezco” o “mi trabajo me ha costado”, sino son de agradecimiento. Por estar haciendo lo que más le gusta. Por ser feliz en el proceso. Por estar físicamente capacitado para batir el récord del mundo.

“El maratón es vida, si realmente quieres ser feliz, tienes que disfrutar de la vida, por eso sonrío.”

Esto es un extracto de una entrevista que le hicieron después de la carrera.

Esa sonrisa. Impactante. Nada de muecas de dolor, aunque él confiesa que los maratones duelen.

Esa expresión va más allá de la física. Implica y enseña que el enorme esfuerzo sale no solo de los pies, las piernas, la musculatura  o el corazón, sino que sale del alma.

“El espíritu transporta el cuerpo, la fuerza mental es la clave, corro desconectado de mis pensamientos.”

El propósito lo tiene claro. Sus entrenadores le apoyan, su equipo está con él. Todo funciona como una máquina perfecta. El día es el propicio para la gran hazaña.

Berlín le gusta, es bastante plano y  un terreno que le conviene.

“Yo no creo en los límites. Cuando entreno, intento escuchar mi cuerpo y desafiarlo para sobrepasar las barreras en el momento oportuno”.

Esta frase debería ser la inspiración de los deportistas, incluso de los que no lo son, para conseguir sus metas en sus diferentes sectores.

Creer en ti mismo, en que poniendo los medios adecuados puedes llegar donde te propongas, es el primer e indispensable paso que hay que conseguir antes de emprender cualquier desafío.

Kipchoge nos demuestra que es posible.

Algunos dicen que las zapatillas que llevaba eran de unas características tan increíbles que resta valor a la marca.

El material en todos los deportes ha mejorado. Todos tienen acceso a ello. Las raquetas de tenis ya no son de madera, los palos de golf son de unos materiales más flexibles, ligeros y certeros; y así en todos los deportes.

Forma parte de la evolución, de las investigaciones de gente que trabaja en mejorar las condiciones de los deportistas.

También en otros sectores, en el trabajo, por ejemplo, el uso de ordenadores ha transformado la forma de funcionar.

Pero eso no resta mérito al trabajo, al corazón, tesón, fe, disciplina que le ha hecho falta a éste súper hombre, que ha batido el récord del mundo con la sonrisa en la boca.

Cuando estamos todo el día siendo bombardeados por noticias descorazonadoras de corrupción, cataclismos naturales, desastres sociales, guerras por doquier, estos líderes son como una antorcha de luz y esperanza de que las cosas puedan mejorar.

Este hombre hace sentir que nuestro mundo puede ser mejor, que si nos lo proponemos podemos llegar donde queramos, tener meteóricas carreras en nuestro sector,  ayudar más a los demás, tener un planeta más limpio, familias más felices, más salud, no hay límite para lo que podemos hacer.

Con esta perspectiva, desde aquí le doy las gracias al gran Eliud Kipchoge, sabiendo que nunca leerá este artículo, ni falta que le hace.