El síndrome FOMO  es difícil de erradicar. Se pega como un chicle, y nos amarga la existencia. Por eso nos vamos al otro lado, JOMO, otra forma de entender nuestras relaciones.

Quién está libre del Síndrome Fomo?

Puede pasar a todos los niveles, desde una cena, en donde siempre resulta que te toca la esquina más aburrida, hasta sentirse excluido de lo que piensas que es  el “sitio donde hay que estar.”

Si somos sinceros, todos, hemos sentido esa punzada de celos, incluso algo de rencor, cuando nos enteramos de que no han contado con nosotros para una celebración, o que estamos fuera de la lista de la boda.

Fear of missing out, que en español significa, temor por quedarte fuera.

Te metes en las redes sociales y descubres con gran disgusto que tu grupo está almorzando en un restaurante de moda  y que no han contado contigo. Porque claro, uno siempre se entera de todo, gracias a Instagram.

Te hundes en la incomprensión, en la angustia, es terrible pensar que no has sido requerido. Que no interesas, que pasan de ti.

Que tire la primera piedra el que esté libre de FOMO.

Es una ansiedad que pasa a todos los niveles, porque el entorno laboral, tampoco está exento de ésta maligno síndrome.

Te has quedado fuera de una conversación que piensas que fue clave. Fuera de una reunión. De un viaje. Excluido.

Pánico escénico. Tenemos que estar donde hay que estar. Menos mal que tenemos la tecnología para echarnos una mano, entonces podemos hacer cualquier plan, hacer una foto en la que parezca que nos lo estamos pasando fenomenal, y en un clic lanzamos una imagen para que todos vean que somos lo más.

Pero como todo tiene su límite, de pronto aparece el fenómeno JOMO.  Que significa exactamente lo contrario. Joy of missing out. Se acabaron las luchas, los retos, apago el sistema que me está volviendo loco y se terminó.

Los adictos a la tecnología no lo tienen tan claro, pero  apagar tiene sus ventajas. Dejar de estar embobados mirando el móvil cada segundo. Que podamos  tener  una conversación sin tener el teléfono encima de la mesa, lanzando un mensaje inconsciente  a nuestro interlocutor, de que no somos dos en la charla, que cualquiera puede interrumpir cuando lo considere oportuno.

No jugamos más. Corto y cierro. Me quedo en casa viendo series y paso de todo. Hoy me toca a mí. Voy a hacer lo que mi cuerpo me pida. No miro nada, ni hago ninguna foto.

Fomo versus Jomo

Dos conceptos que los trendwatc hers (los expertos en ver tendencias) captan en la sociedad. Parece que somos proclives a los extremos, y se queda algo vacío de contenido el punto medio.

Ni una cosa ni la otra. Un poco de sentido común. La tecnología está para hacer un uso adecuado de ella. Pero sin llevártelo a la paranoia.

De estar en cualquier sitio por y para sacarlo en las redes, a no quiero saber nada del mundo.

Pasar de la obsesión  con estar a la última, a tirar la toalla, y quedarnos aislados.

Aprender a decir que no, saber encontrar placer en los momentos de soledad, reencontrar el gusto por nuestras verdaderas aficiones, leer, descansar, es algo bueno y necesario para nuestro equilibrio mental.

También, no intentar crear una imagen de falsa felicidad a través de las fotos en las redes, fomentando que los demás entren en  extraña competencia contigo, sino compartir  momentos reales con nuestros amigos, ayuda a bajarse de ese tren de sentimientos encontrados que hemos producido entre todos.

En un momento dado no está mal plantearnos desdramatizar, tomarnos las cosas triviales con algo de sentido del humor, y no darnos a nosotros mismos tanta importancia.

Yo ya lo he comprobado. La conversación que te parece tan fundamental, luego en realidad no lo es tanto, y a lo mejor es más interesante tu lado de la mesa.

La foto de Instagram no es tan real como pretende ser. Tampoco es genial aislarte para siempre y olvidarte de cuidar tu entorno social, tus amigos.

Las cosas de la vida siempre implican algo de lucha, de motivación, de querer estar y participar. Pero sin perder el control.