El sentimiento de la pérdida es difícil de gestionar. No estamos preparados para perder. Sin embargo, las experiencias duras nos hacen crecer como personas, madurar.

La pérdida, la incomprensión

Vas por la calle, y un ladrón te quita  el móvil. Llegas a casa y  lo encuentras todo revuelto, han entrado y se han llevado unas joyas de familia que tenías por ahí. Y te sientes tan mal por la pérdida, que no es proporcional con el valor de lo que te han arrebatado.

La pérdida es difícil de gestionar. Se necesita ayuda, comprensión, empatía, y terminas por asimilarlo y superarlo. Pero es una herida de difícil cicatrización.

En la educación de un niño, la confianza en ellos mismos es fundamental para el crecimiento,  para tener buenas herramientas de supervivencia. Enseñamos a ganar. Es difícil enseñar a perder. Pero es  tanto o más importante. Porque la vida es así, no hay nadie que siempre gane, ni mal que mil años dure. El mérito reside en saber sacar lo mejor de cada experiencia.

Saber gestionar la pérdida, es una clave para apreciar  las ganancias en su justa medida. Porque enseña. Te coloca más en tu sitio. Aunque duela.

Pero nada es comparable con la pérdida de una persona querida.

Vida y muerte son binomio inseparable. La primera no es posible sin la segunda. La naturaleza se renueva cada año. Y la hoja nueva tiene más color, aroma y fuerza.

Pero nos resulta incomprensible. La pérdida de una persona que queremos nos produce tanto dolor que el proceso de duelo puede durar años.

Lamentar la separación de un ser querido habla de buenos sentimientos: la del amor, la generosidad. Porque sólo el que quiere, el que se entrega en la relación, ya sea con un compañero, un amigo, un familiar, el que pone mucho encima de la mesa, es el que sufre la desolación de la pérdida.

Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra suiza-estadounidense,  nacida en 1926, estuvo años al lado de personas en estado terminal, trabajando en tratamientos paliativos. Escribió un libro, “On death and dying”, donde llega a la conclusión de que en el estado mental que aparece ante las situaciones de enfermedades irreversibles o duelos, se distinguen diferentes etapas:

  • La negación; es un momento donde actuamos y pensamos como si la persona no hubiera muerto.  Nos ayuda “engañar” a nuestro cuerpo, a pasar estos primeros momentos. Pero no puede durar mucho tiempo.
  • La ira; estamos furiosos, nos preguntamos cómo puede haber pasado, buscamos responsables, culpables, explicaciones. La frustración, la búsqueda de tantos porqués, la sacamos contra las personas que nos rodean, incluso contra objetos.
  • La negociación; intentamos negociar con entidades divinas, hacemos promesas de ser mejores,  pensando que así es posible cambiar la situación, es una etapa corta, ya que la situación no es posible mantenerla controlada.
  • La depresión; cuando nos invade ante el hecho contundente de que la persona no está, sentimos un gran vacío, una profunda desolación. La crisis existencial, nos hace preguntarnos qué es la vida, cuáles son nuestros incentivos, sentimos cansancio, nos queremos aislar.
  • La superación, aceptamos lo ocurrido y aprendemos a volver a recuperar la vida, no es tampoco una etapa feliz, sino de encauzar lo sucedido y poco a poco ir recuperando la capacidad de volver a sentir alegría, volver a la normalidad.

Estas etapas pueden presentarse en diferente orden, durar más o menos tiempo, pero no debería enquistarse más de dos o tres años.

“No sabes que eres fuerte hasta que no tienes otra opción que ser fuerte” Bob Marley.

Ante la realidad innegociable de que tienes que salir adelante sin la persona querida, sacas fuerzas de flaqueza. Tienes que continuar el camino. Madurar, aprender a disfrutar de las personas que te rodean, de las experiencias de la vida, ya que, el tiempo no es infinito para nadie.

“La única cura para el dolor es la acción” George Henry Lewes.

La acción ocupa la mente, cansa el cuerpo, y distrae de la crisis existencial que invade nuestro ser. Aunque cueste mucho trabajo incluso vestirse y cuidar el aspecto físico, un buen ejercicio es no abandonar nuestro cuidado personal,  y cuidar de nuestra dieta.

“El duelo no te cambia, te revela” John Green

Aprendes cosas sobre ti mismo que desconocías, descubres reacciones, afectos, debilidades o fortalezas que como a lo mejor no habías necesitado hasta ahora, no habías necesitado sacar.

No dudes en buscar apoyo de amigos, de familiares. “Las lágrimas hacen menos profundo el duelo” Shakeaspeare. Los sentimientos que no somos capaces de expresar, de compartir,  hacen más daño.

Buscar un terapeuta que nos saque, nos ayude a encauzar la vida de nuevo, es una opción importante. No pienses que debes ser fuerte; lo que hay que hacer, por tu propio bien y por los que te rodean, es recuperar la vida en plenitud, no enquistarte en la tristeza, sino disfrutar de nuevo de la vida.