El sentido de la vida, es esa pregunta que da algo de vértigo pero que es tan fundamental para conseguir una existencia plena.
El hombre en busca del sentido de la vida…
¿ Porqué estamos aquí, ¿Tenemos una misión? ¿Qué significa ser libres? O somos sencillamente seres que pasan con el mero propósito de que no se acabe nuestra genealogía.
Ahora, ya pasados los primeros días del fin de año, cuando ya no nos ponemos en “modo” pensar en lo humano y lo divino, vuelvo a sacar este tema tan trascendental.
Lo ponemos encima de la mesa porque es el motor que nos hace levantarnos por la mañana y pensar que podemos comernos el mundo, o lo que nos impide hacerlo.
Acabamos de celebrar el aniversario de la liberación de los prisioneros por parte de los nazis, en la segunda guerra mundial, y todos hemos visto las escenas de las caras de los encarcelados en ese momento de la historia, que no debemos olvidar.
Muchos murieron, pero algunos, encontraron la razón, el propósito tan firmemente arraigado en su cabeza, que fue su pasaporte a la supervivencia.
El sentido, el propósito, fue un concepto que el neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl trabajó con gran acierto y profundidad.
Escritor de muchas obras padeció por ser judío los horrores de la deportación y del ingreso de toda su familia en los campos de concentración y exterminio de la Alemania nazi.
Viktor consiguió sobrevivir, no así el resto de sus familiares, que murieron todos en los campos.
Como era un estudioso de la psicología del hombre, se dio cuenta de la importancia de tener un motivo para vivir, un propósito.
“Todo ser humano tiene la capacidad de cambiar en cualquier instante”
Tenemos la libertad, ya no de elegir las circunstancias de nuestra vida, pero sí la forma que tenemos de tomarnos y decidir sobre ellas. Y el motor que nos impulsa es saber cuál es su significado.
El suyo fue que perdió un manuscrito cuando los alemanes le metieron en la cárcel que era la obra de su vida, de su trabajo. Sentía que tenía la obligación de volver a escribirla.
Y otro muy importante, recuperar a su familia.
Pasó los años de encierro en las peores condiciones intentando ayudar a los demás, hacerles ver que no había que esperar a ver lo que les da la vida, sino que es lo que nosotros debemos darle a ella.
Intentando evitar muertes, suicidios, de sus compañeros de celda que iban desapareciendo a medida que el tiempo pasaba, y las condiciones en las que estaban iban mermando fuerza y voluntad.
La actitud ante las cosas es lo que hace la diferencia.
“Lo único que no me puedes quitar es la forma en que elijo responder a lo que me haces. La última de las libertades es elegir la actitud de uno ante cualquier circunstancia”.
Cuando acabó la guerra, Viktor volvió a su casa y no encontró a nadie en ella. Le cedieron un apartamento en Austria donde pasó el resto de sus días, muriendo a los 93 años.
En vida, recibió numerosos reconocimientos, dio clases en las universidades más prestigiosas, hasta muy avanzada edad, y fue doctor honoris causa de más de 23 universidades en todo el mundo.
No tengo duda de que la lectura de sus obras es la mejor recomendación, sobre todo El hombre en busca del sentido.
Y, aunque no estemos en vísperas de fin de año, ni en el mes de septiembre, que es cuando realmente empieza el “curso” y estamos llenos de planes, nos podemos parar a pensar en nuestras propias vidas, en las elecciones que hemos realizado, en hacia dónde vamos, cuál es nuestro propósito y si en realidad estamos dando pasos hacia él.
A veces caminamos como gallinas sin cabeza. La rutina, la vida, nuestras responsabilidades, o lo que los demás esperan de nosotros nos alejan de nuestro sentido.
Entonces nos podemos encontrar ahogados, deprimidos, metidos en un bucle de donde no sabemos o podemos salir. Cuando no hacemos lo que en realidad queremos, nuestra alma se revela, y ese padecer lo refleja el cuerpo.
Solo debemos pararnos un momento y recordar. Cómo queremos pasar por la vida, cual es nuestro sentido, el propósito.
Cuando lo averigüemos, nuestro paso será más seguro, no habrá nadie que nos pueda parar, ni las circunstancias más adversas conseguirán detenernos.
Todo esto no quiere decir que sea despreciable ninguna profesión, y que tengamos que convertirnos en monjes tibetanos o presidentes de empresas multinacionales.
Cuando la actividad que realizas te hace feliz, sea ésta la que sea, las horas se pasan sin sentir y pones tu corazón entero en ello, entonces, yo creo que estás por el buen camino.
“Las decisiones, no las condiciones, determinan quienes somos”
Soy consciente de la envergadura del mensaje. Pero lo soy aún más de que las personas no debemos ser ahorrativas en esfuerzos, sino que lo que conseguimos a base de tesón nos colocan en una mejor pole position.
Animo, y que encuentres tu propósito, el sentido de tu vida, y que así la vivas en toda su plenitud. Si tienes que cambiar cosas, acuérdate, siempre estás a tiempo.