A veces las prisas nos juegan malas pasadas y eso provoca que perdamos rutinas beneficiosas y que favorecen un plan de comida saludable. ¿Sabes que hacer?
En muchas casas, comer en la mesa es cosa del pasado. Cada miembro de la familia llega, abre la nevera, come de pie lo que pilla y a otra cosa mariposa.
Hoy en día, con el ritmo de vida que llevamos es difícil dar con un plan de comida saludable.
Perdemos mucho al romper esta tradición. No solo de mejorar las relaciones con los que convivimos, sino que también sufrimos pérdidas fisiológicas, hacer buenas digestiones, incluso mantener el peso ideal.
Es curioso observar que las costumbres tienen sus razones, y perder la de comer despacio, disfrutando, reservando un tiempo para este importante acto, tiene malas consecuencias para nuestro cuerpo.
Los ejecutivos comen ensaladas en sus mesas de trabajo, toman el café en la reunión, y mastican cualquier cosa entre horas por intentar aprovechar el tiempo. El envejecimiento prematuro está asegurado.
¿Por qué es necesario un plan de comida saludable?
Estar bien es importante, se refleja no solo en tu apariencia, sino en las relaciones sociales, familiares, en la efectividad laboral.
Parar, encontrar un momento de serenidad, de dar un merecido espacio a nutrir tu cuerpo, repercute en una mejora general en tu vida y por lo tanto en el entorno.
Cambiar rutinas no es fácil. Si lo consigues, el premio está asegurado. Ahí van algunos consejos por si son de ayuda…
- COME SENTADO
Parece básico, pero importante. No quedarse de pie, picoteando una y otra cosa mientras miras la televisión. Lo hace mucha gente. No seas uno de ellos. Una mesa, silla, plato, cubiertos, agua, servilleta, son los elementos que se precisan para hacer de la comida la ceremonia que debe ser.
- CAMBIA EL ENTORNO
Si tenías costumbre de comer en la cocina, intenta cambiar, no enciendas la tele, espera si vives con alguien a comer juntos. Busca un ambiente agradable, una mesa puesta con esmero. Una conversación con tu hijo, pareja, amigo; la recompensa será una mejora asegurada en las relaciones personales además de metabólicas.
Comer despacio. Aquí está el quid de la cuestión. Y cómo cuesta. Al conversar, te fuerzas a no engullir la comida. El cuerpo tiene más tiempo para mandar el mensaje de que ya has comido suficiente al cerebro. Disfrutas más. Digieres mejor. La opción es ganadora la mires por donde la mires.
- CUENTA LAS VECES QUE MASTICAS
Para ser consciente de que estás comiendo. La digestión empieza en la boca. Tantas veces tragamos sin masticar. Para que el cuerpo se ponga en modo “comer” se necesita dejar la adrenalina de lado.
Mastica contando hasta 20. Te aviso: es todo un reto. El sistema digestivo recibirá una nutrición pre-digerida que facilitará la absorción de los alimentos. Es que la boca está para eso.
- SI NO LO CONSIGUES
No desesperes. Hay más trucos. En cada trozo de comida que te llevas a la boca, deja los cubiertos en el plato. Hay que ser consciente, pero se puede conseguir.
- MÁS
Otro truco es beber un poco de agua después de cada bocado de comida.
Si las personas con las que vas a comer lo hacen despacio, sigue su ritmo.
No comas cualquier cosa. Elige con mimo lo que sabes que te sienta bien, una dieta equilibrada.
“El secreto para permanecer joven es vivir honestamente, comer despacio y mentir sobre tu edad” Lucille Ball.
Al seguir este plan de comida saludable, ya tienes mucho ganado.
Estos consejos están dirigidos a todas las personas que sufren estrés, malas digestiones, dolores de cabeza, insomnio, ansiedad, sobrepeso… ¡a casi todos!