Olvidar es un bálsamo para la vida. Es primordial para seguir adelante. Las lecciones de las experiencias vividas se codifican, almacenan,  y recuperan.

El olvido es un mecanismo  imprescindible para la salud mental, para darnos la   experiencia, pero sin bloquear las capacidades de vivir plenamente proyectados desde el presente hacia el futuro.

Este es el resumen de un artículo de Enrique  Rojas, catedrático de Psicología.

 

El papel del olvido

“Aprender qué cosas debemos olvidar es sabiduría. Madurez  es echar fuera de nuestra memoria todo aquello que ha sido perturbador y quedarnos con las lecciones aprendidas de aquellas experiencias, pero borrando la parte dañina. La vida es la gran maestra, enseña lecciones que no vienen en los libros. Tarda uno mucho tiempo en darse cuenta de las cosas que son realmente importantes.

 

El papel de la memoria es esencial para nuestra supervivencia. Las experiencias que vamos adquiriendo quedan grabadas en  el hipocampo, y las archivamos de dos maneras:

  1. Memoria episódica, compuesta por episodios detallados guardados en la corteza cerebral.
  2. Memoria semántica, resultado del significado de lo acontecido. Se archiva en la zona prefrontal del cerebro.

 

También, tenemos una memoria a corto plazo y otra a largo, recopilando lo pasado.

Es a partir de los 3 años que los niños empiezan a tener memoria. Aprender consiste en adquirir conocimientos retenidos por la memoria. Aprender es recordar.

La memoria nos sirve en dos aspectos fundamentales: registrar lo que hemos vivido, y recuperarlas. Pasa por tres fases: codificación, almacenamiento y recuperación.

Lo experimentamos  al observar cómo cambian los recuerdos con los años. Se distorsionan, cambian.  La memoria no es estática, es plástica, cambia, gira, fluctúa.

Hay buenos recuerdos, que nos alegra cuando los repasamos; aquél amor, ese triunfo profesional o personal, un esfuerzo que termina en éxito.

Y el malo; que si no somos capaces de pasarlo a un plano inferior supone un sufrimiento a veces insoportable.

La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. Olvidar lo malo, lo que nos hizo sufrir es fundamental. Reconciliar tu vida con el pasado.

Si no lo conseguimos nos podemos convertir en una persona triste y amargada, neurótica, llena de conflictos no resueltos, incapaz de ser feliz.

La madurez ayuda a sacar el máximo partido al presente, asume y aprende del pasado, pero es capaz de cerrar heridas; estás abierto a disfrutar del futuro, vives en la ilusión, que para muchos es esencial para la felicidad.

El papel del olvido es esencial. Es perdonar nuestros errores; experiencias negativas, malas relaciones afectivas, incluso formas de pensar de momentos de la vida donde no sabemos distinguir entre lo superfluo y lo importante.

Se aprende a montar en bicicleta, montando. A vivir, viviendo. El arte de saber manejar lo que nos acontece es lo que termina perfilando la personalidad equilibrada. Ser un individuo que ha asimilado su pasado, vive en el presente y se proyecta en el futuro.

Saber qué debemos olvidar es importante. Todo lo que nos perturbe, encauzarlo  y usar la lección aprendida para seguir adelante. Al final, con el tiempo y la vida  aprendemos a filtrar de diferente manera qué cosas son las que importan.

A lo sencillo se tarda en llegar.”

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