El cambio de hora nos afecta, a unos más que a otros, por lo que os sugerimos daros una semana de adaptación, para recuperar los ritmos.

Cómo afecta el cambio de hora.

Madrid tiene algo especial, que hace que vivir aquí sea todo un lujo. Muchos no lo aprecian, porque cuando te acostumbras, cuentas con ello y le restas valor.

Ese premio especial que tenemos en la capital de España es la luz. Ese cielo de color azul intenso es una joya… y con razón, somos la envidia de muchos, que no pueden disfrutar de ella.

Ahora la climatología nos está dando dolores de cabeza, entre la gota fría por Levante y la sequía por la Meseta Castellana, vuelve a las noticias el problema de la contaminación en las ciudades y los pantanos vacíos.

De todas maneras, el otoño es una estación de transición maravillosa. Los colores se suavizan, la naturaleza se prepara.

Y nosotros debemos enfrentarnos a ese cambio en el reloj que a muchos atormenta.

El cambio de hora tiene una parte muy buena, o mejor dicho, dos: la primera, nos da más oportunidad de disfrutar de la luz del día. La segunda, nos permite un ahorro en la cuenta de electricidad (o eso supone los que lo han establecido)

El domingo 27 de octubre, cambiamos los relojes, a las 3 a.m. retrasaremos a las 2 a.m.

No parece gran cosa. Sin embargo, se nota. Probablemente los jóvenes no tanto. Pero los niños, ancianos o enfermos, pasan un jet lag.

¿Cuáles son los posibles síntomas?

  • Irritabilidad, somnolencia, debido a una falta de sueño.
  • Cansancio, falta de energía.
  • Dificultad en concentrarse en tareas, de focalizar.

¿Por qué sucede esto?

Porque nuestro cuerpo funciona con un ciclo llamado circadiano.

Si  no lo forzamos por nuestra vida laboral o social, con la caída del sol segregamos la hormona de “desenchufar”, la melatonina, en la glándula pineal, que tiene las funciones de la regulación del día y la noche, del sueño-vigilia.

Esta hormona es vital para la salud. Porque ya sabemos, el descanso nocturno es el momento en que el cuerpo aprovecha para “hacer un repaso general” y regenerar, limpiar, reconstruir los tejidos, las células viejas o defectuosas.

Si no se produce de manera adecuada, envejecemos prematuramente.

Hay personas a las que les afecta especialmente el cambio de hora.

¿Cómo podemos minimizar los síntomas?

Pues lo primero es darnos cuenta de que, una hora en nuestro día a día se nota. Que los cambios horarios afectan, no es que estemos mal, es que necesitamos adaptarnos.

Por lo que podemos empezar por cambiar lentamente nuestro horario, ir un poco antes a la cama, almorzar y cenar un poco antes también, y así, ir acoplando despacio nuestro organismo al nuevo horario.

En una semana, estaremos otra vez en plena forma.

Pero que no te extrañe notar que estás a lo mejor un poco más bajo de ánimo, algo desmotivado, que tengas más dificultad en centrarte en el trabajo, en focalizar. Que por cualquier cosa, saltes, estés irritable, cansado, incluso con dolor de cabeza.

Si eres de los que los cambios ambientales les afecta especialmente, tienes sensibilidad para los cambios de humedad, de temperatura, de contaminación, etc., tendrás que tener especial paciencia.

El primero en darse cuenta del ahorro que podría suponer el cambio de hora fue Benjamin Franklin, pero no fue hasta la primera guerra mundial que no se institucionalizó.

Hay cierta controversia sobre si es verdad que se consigue ese ahorro energético en la factura de la electricidad. Es por ello que se plantea abandonar el cambio de hora, aunque por ahora, sigue vigente.