Competir forma parte de la vida. No debemos tener miedo, porque es la mejor forma de interaccionar con la sociedad, sacar lo mejor de nosotros mismos, y aprender.

Competir, el  pan de cada día

Salir de la zona de confort, ponerse las pilas, exigir lo más que puedas dar, adrenalina y tantas cosas se necesitan para entrar en competición.

Todas las herramientas que puedas recopilar ayudan. Pero no hay que ponerse nerviosos. Hay que mantener la cabeza serena, planificar una estrategia, conocer tus capacidades y pensar en qué meta  quieres lograr.

La definición de competir es la acción de luchar contra otros,  para conseguir un objetivo.

También podemos referirnos a la propia motivación personal para llegar a metas que nos hemos propuesto alcanzar, intentando mejorar los propios resultados en cualquier actividad.

Está intrínsecamente grabada en nuestro ADN, porque forma parte de la supervivencia. En la naturaleza, se compite por tener comida, estar bajo cobijo, reproducirse;  incluso en el caso de las plantas, luchan por  buscar el sol para desarrollarse.

Pero como en nuestra sociedad esto está garantizado, por lo que en la vida moderna  cuando pensamos en competir nos referimos a una lucha por conquistar, por salir vencedor, ya sea a nivel deportivo,  profesional o personal.

El resultado que esperamos de la competición es mejorar, escalar en nuestra carrera, reforzar la autoestima, superar metas.

Nos ayuda a conocer nuestras capacidades, y limitaciones. Es muy difícil ser el mejor en algo, pero todos tenemos virtudes que debemos descubrir, y utilizar de manera positiva para ser mejores competidores.

Saber competir es saludable. Quiere decir tener la capacidad de relación, de superación, de orgullo por haber conseguido victorias, y capacidad de superar derrotas, con humildad, y sin complejos.

Unos son buenos en equipo, cooperan y animan, otros son buenos individualmente, hay personas con inteligencia en el ámbito de la estrategia, o tienen gran fuerza de voluntad, o se han preparado a consciencia.

Todos tienen su sitio, donde pueden sacar lo mejor de ellos mismos.

Competir crea rivalidad

Efectivamente, al competir aparecen los rivales. Estos son un grupo o un individuo que quiere alcanzar lo mismo que tú.

No tiene por qué tener una connotación negativa. Desde niños, hasta la edad adulta, rivalidad y competición nos acompañan.

Los niños aprenden a competir jugando. Y nosotros, sabedores de todo lo bueno que adquieres en el juego, les acompañamos y animamos. Porque desarrollas virtudes necesarias para la vida. Voluntad, autocontrol, lucha, perseverancia.

Saber ganar, y perder. Nunca perder los papeles.

Si se establece con normalidad, cuando hay una relación pacífica, serena, competir enriquece ganes o pierdas. Los mejores amigos de los deportistas, suelen ser sus rivales.

Ganar te hace más seguro, más feliz, perder te hace más fuerte.

Pone a prueba habilidades, estrategia, inteligencia, voluntad. A veces se gana, otras se pierde. Y no pasa nada. Porque de todo se aprende.

Unos están más cómodos cuando no se sienten desafiados. Para otros, la vida sin retos les parece insulsa y aburrida.

Pero a todos los niveles, competir está en la ecuación.

Los padres, como educadores

Forma parte de la educación fomentar que los hijos compitan, se comparen con los demás, y aprendan. Pero en un ambiente sano y cordial.

Nunca volcar las propias frustraciones en ellos, ni intentar convertirles en lo que nosotros no alcanzamos por nuestras circunstancias.

Dejar que elijan el deporte que más les guste, que encuentren su camino. Es importante la diversión, que sea un momento feliz del día.

Felicitar no por la victoria, sino por el esfuerzo, el compañerismo, la fuerza de voluntad, porque el resultado final es estar mejor preparados para afrontar los retos que les va a presentar la vida.

Al acompañar en sus competiciones, jamás gritar, insultar, agredir, meter presión a nuestro propio hijo, por supuesto nunca hablar mal de los otros del equipo,  sino todo lo contrario, animar, apoyar, aprovechar el momento para  reforzar nuestra relación parenteral.

 

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