El matrimonio con hijos está colmado de felicidad, pero no hay que descuidar la relación de pareja, que puede peligrar.

Historia de un matrimonio con hijos

Le conocí a los 20 años en la Universidad, nos cuenta María; estudiábamos diferentes carreras, coincidimos en una fiesta durante un verano. Aquí empezó nuestra relación, horas de conversaciones telefónicas, cartas, escapadas de fin de semana, visitas furtivas a la residencia; hasta que nos graduamos. Todavía me acuerdo de cómo me sentía el día que nos íbamos a ver, las mariposas en la tripa, la excitación, la felicidad. Nada se interponía en nuestro camino.

Pasados 20 años, las cosas cambian. El amor que antes estaba reservado para él, ahora lo comparten dos niños maravillosos, y aunque el amor por mi marido no ha disminuido, ahora mantenerlo requiere trabajo. Todos los días practico mindfulness, atención plena, hago lo que puedo para vivir el momento y apreciar el tiempo que paso con mi familia. Pero él no ocupa ya el primer puesto en mi pensamiento, lo hacen los niños. ¿Por qué?

¿Hemos cambiado? ¿He cambiado?

Yo era un espíritu libre cuando nos conocimos. Tenía alguna ansiedad, pero en general me gustaba sorprender a mi marido con encuentros sexuales espontáneos o escapadas de clase para irnos a hacer algún viajecito juntos. Después de dos niños, no me puedo llamar más “espíritu libre”, que fue probablemente lo que enamoró a mi marido.

Mis hijos nos hacen tener un horario más estricto, cosa que nunca había hecho, nos provocan cierta ansiedad y agotan nuestra energía con su actividad diaria.

Los días de ser  espontáneo son escasos, ya que si nos acostamos tarde, los niños no van a respetar nuestro sueño, y estarán como todos los días, deseando  comer, jugar, hablar, pasear…

Por lo que ahora, cuando son las 8.30 pm, llevamos a los niños a la cama, y es poco  mi  tiempo de “calidad” con Manuel. Solo quiero meterme en la cama con un libro y esperar poder descansar mis 8 horas sin que me interrumpan.

El matrimonio con hijos tiene salvación.

 

Mi necesidad de afecto está cubierta

Quiero tanto a mis hijos que podría estar dándoles besos y abrazos todo el día. Cuando llega mi marido, se me ha terminado mi reserva de afecto. No quiere decir que no le quiera, sólo que estoy agotada. Lo peor viene cuando uno busca al otro y éste sólo necesita tener un poco de tiempo para sí mismo.

Tenemos un punto ciego para las personas que queremos

Puede ser  distracción, agotamiento, o no darse cuenta de lo que sucede, pero tenemos una tendencia a no darnos cuenta de las necesidades de nuestra pareja, aunque la tengamos delante de nuestras narices. Nos pasamos el día complaciendo a los demás en el trabajo, en casa con los niños o con amigos. Sinceramente, hay días que estoy tan pendiente del problema de una amiga, que no me doy cuenta de que mi marido me está contando algo que le ha sucedido durante su día de trabajo. En realidad, lo que pide es un rato de estar conmigo, de comprensión, de escucha, o quizá un abrazo. ¿A qué nos lleva esto? ¿Estamos condenados como pareja una vez tenemos hijos? No. Os doy algún truco para que no sea así.

Estate atenta a las señales del universo

Cuando te propongan un fin de semana en pareja, o veas que queda libre una habitación en tu hotel favorito que no está tan lejos, no lo dejes pasar. Pídele a un amigo que te eche un cable. No te preocupes en exceso por los “y si…” Tus hijos estarán bien, tu amigo se levantará si se despierta por la noche, y puede ser incluso bueno para ellos el ver que pueden sobrevivir  si mamá y papá no están cerca.

Ser buen padre es duro. Ser buena pareja y padre puede parecer imposible. Por lo que hay que vivir en el presente, disfrutar el momento, y tener una maletita preparada por si puedes hacer una escapada.

Reserva tiempo para las relaciones sexuales

Antes me encantaba experimentar con mi marido. No estábamos sujetos a horarios, ni nos amenazaba la entrada de los niños  en la habitación, aporreando la puerta hasta conseguir entrar. Estamos muy ocupados, y no es fácil encontrar un momento para las relaciones íntimas.

Es más fácil organizarse con tiempo. Como por ejemplo, mandar un mensaje para proponer un encuentro nocturno. O decir al otro las ganas que tenemos de estar juntos.

Cuando los niños duerman, encuentra tiempo para jugar. No tiene que ser a base de cosas complicadas como velas y música sexy, busca algo que te sirva, y os ayude a reconectar. No te preocupes demasiado por los peligros, por los impedimentos, sencillamente, hazlo.

No descuides tu aspecto personal. Mantente guapo, atractivo, no caigas en el aburrimiento. Cuida de tu piel, pon atención a tu forma de vestir, a tu ropa interior. Hazle la guerra a la rutina y al aburrimiento.

Por su último cumpleaños contraté un terapeuta sexual. Mi marido se sorprendió, pero fue muy divertido. La idea era reforzar el propósito de mantener nuestro matrimonio vivo,  nos dio ideas estupendas para renovar nuestros encuentros sexuales. Las cosas que queremos hay que cuidarlas, mantenerlas, y que evolucionen, y además, al hacerlo encuentro que nuestra vida es más feliz.