Casarse es una decisión que se toma cuando, aparte de haber tenido la suerte de encontrar a la “media naranja” eres adulto y responsable.

Antes de casarse

No es fácil la vida. Lo primero, la infancia. Ese periodo que todos recuerdan con lágrimas en los ojos, por la emoción y felicidad, hay que superarla y con nota. Si tienes hermanos, y no eres el más fuerte, te pegan; en el cole como no se te den bien las mates, estás perdido, o como el balón no sea tu fuerte, eres la decepción de papá.

Pero pongamos que con  cierta suerte, mucha lucha, y bastante sentido del humor, sobrevives.

Después, ya se encargará el terapeuta de ayudarte a comprender que lo que eres con 50 está causado por lo que te ocurrió con 5 o 6. Incluso antes.

No quiero ni hablar de la adolescencia. Con su acné y demás. Esos momentos en donde parece que todo en la vida se pone de acuerdo para fastidiarte. Donde solo quieres escuchar música tan fuerte, que los tímpanos estallen. Mamá empeñada en que ordenes tu cuarto. Qué importancia tiene el orden de tu cuarto. Cuando el mundo se está cayendo. Y ella, erre que erre con que doble los pantalones.

“No hay mal que mil años dure”, este periodo, también se supera, con tesón y buenos amigos. Hasta que aparece por fin la persona soñada para ser tu compañero de viaje, tu amor.

Y felizmente, decidís que queréis formalizar la relación, que hay que casarse. Feliz noticia. Amigos, familiares, todos se vuelcan en la celebración y en estar guapos.

Te miras en el espejo y piensas, “necesito una puesta a punto”. Porque te gustaría estar perfecto, para que el día lo sea también.

Lo primero que surge, es ponerse a dieta. Nos ha dado tiempo de ganar unos kilos que nos afean y sobran. Y hacer gimnasia, ¡por favor que me ayude alguien! Ese alguien es el entrenador personal, que va a conseguir que mis objetivos sean una realidad.

Con el cuerpo en forma estaremos hechos un pincel en el altar. Estaremos listos para emprender esa etapa de la vida en la que las películas infantiles nunca entran, ya que la historia siempre termina en “se casaron y fueron felices”, cuando realmente es el momento más interesante de las personas, la edad adulta.

Hasta aquí, normalmente las decisiones importantes, que pueden ser por ejemplo la elección de la carrera profesional, o quien son tus amigos, está influenciada por los padres. En algunos casos más, otros menos.

Pero ahora, las decisiones son tuyas. Podrás pedir consejo, ser más dubitativo o seguro de ti mismo. Pero la ecuación ha cambiado.

Porque casarse, aparte de todo, es decir, sé lo que quiero, con quién quiero estar, y que voy a hacer con mi vida. Soy responsable, estoy preparado, a partir de ahora, el futuro lo planifico como adulto.

Una de las condiciones que deben producirse para tener más posibilidades de éxito en ésta etapa, es haber vivido cada momento de la vida en toda su expresión.

Al casarse, se producen cambios curiosos. A partir de ahora, aprender a convivir, a saber que en muchas ocasiones ceder va a ser el verbo que más hay que conjugar, que la felicidad va a ser el resultado de que el proyecto común tenga éxito, dejan muy atrás ese niño que pensaba que el principio y el fin del mundo era conseguir la Play Station.

Casarse es una de las decisiones más importantes de la vida.

La vida en pareja es la ideal para el hombre (y la mujer, ¡claro!) No estamos hechos para estar solos. Aunque surjan mil problemas, peleas, situaciones complejas, así son las cosas.

Darse la mano y caminar. Redoblar las fuerzas, confiar y dar confianza. Que con solo una mirada ya se sepa lo que el otro está pensando. Ser feliz porque la felicidad se contagia. Y te sientes a gusto en tu piel.

Buena suerte en esta nueva etapa de la vida. Disfrútala, y vívela a tope.

 

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