Ansiedad o Covid 19, no sé bien lo que me pasa, no puedo respirar, me siento debilitado, duermo mal, y la cabeza de da vueltas.
Cuál es tu sintomatología
Ansiedad
Ya se empieza a hablar de la vuelta a la normalidad, pero llevamos un mes de encerramiento.
No sabemos si lo que nos pasa es que tenemos ansiedad, o Covid 19.
Me han llegado varios casos de personas que llaman al 911 porque piensan que tienen coronavirus, cuando en realidad lo que están sufriendo es de un ataque de ansiedad.
Es lógico. Encerrados en pisos sin poder salir, puede causar efectos nocivos en nuestra fisiología. No estamos hechos para estar aislados.
De pronto, no respiramos bien, no entra el aire en los pulmones, nos sentimos decaídos, no conciliamos el sueño, por lo que al día siguiente somos una piltrafa, se nos quita el hambre, la motivación, sentimos que se nos para el corazón, y entramos en pánico, parece que estamos viviendo nuestros últimos minutos.
Pero el hospital te dice que no te pasa nada, que todo está bien y que te vayas otra vez a casa.
Nos ha tocado vivir ésta situación, y debemos llevarla lo mejor posible. Trabajar más nuestro aspecto espiritual, puede ser una salida. Para ello, os voy a pasar una oración, una antigua plegaria que me parece además de bonita, útil.
“Que tus despertares te despierten.
Y que al despertarte, el día que
Comienza te entusiasme.
Y que jamás se transformen en
Rutinarios los rayos del Sol que se
Filtran por tu ventana en cada
Nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de
Concentrarte y de rescatar lo más
Positivo de cada persona que se
Cruce en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la
Comida, detenidamente, aunque
Solo se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento
Durante el día, aunque sea breve,
Para elevar tu mirada hacia lo Alto y
Agradecer, por el milagro de la
Salud, ese misterio y fantástico
Equilibrio interno.
Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.
Y que tus brazos, abracen. Y que
Tus besos, besen.
Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de
Maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho
Al anochecer por la tarea
Satisfactoria realizada durante el
Día. Y que tu sueño sea calmo,
Reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con
Tu vida, ni tampoco el valor de las
Cosas con su precio. Y que no te
Creas más que nadie, porque, solo
Los ignorantes desconocen que
Somos polvo y ceniza.
Y que no te olvides que cada
Segundo de la vida es un regalo y
Que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y
Cantaríamos de alegría al tomar
Conciencia de ello. Como un
Pequeñísimo homenaje al misterio
De la vida que nos acoge, nos
Abraza y nos bendice.”
Esta plegaria tan sabia la quería compartir con todos. Leerla por la mañana nos puede ayudar a emprender el día con más motivación y agradecimiento.
Cambiar una actitud de miedo, ira o pesadumbre, por una de saber que esto va a pasar, y que podemos aprovechar para trabajar aspectos que no siempre tenemos ocasión ni tiempo de ejercitar.
Apreciar las cosas que damos por supuesto, el aire limpio, la comida caliente, el atardecer, todas las pequeñas cosas maravillosas que damos por supuesto, pero que son increíbles.
Las cosas vienen como vienen, y está en nuestra mano hacer de ello una experiencia que nos ayude a crecer, a conocernos mejor.
Sacamos de éste aislamiento la oportunidad de aprender a que nuestro corazón se ponga de acuerdo con la cabeza.
No dejar sitio para la ansiedad. Este sentimiento se produce por una no aceptación de lo que está pasando. Pensamos en la situación, en la salud, en la economía, en nuestros amigos o familiares que están pasándolo mal, y eso termina por mermar nuestras fuerzas.
En vez de preocuparse, vamos a ocuparnos, de cuidarnos, de tranquilizarnos, incluso, de rezar.