Vivimos tiempos convulsos, las secuelas de la crisis económica, la incertidumbre política, el terrorismo, el cambio climático, etc., hacen que día a día nos enfrentemos a situaciones con un alto nivel de exigencia y cierto grado de incertidumbre.
El resultado de esto, es que la ansiedad se ha revelado como el mal del siglo XXI, con una prevalencia que aumenta progresivamente hasta llegar a niveles del 18% de la población. Según las estadísticas, 1 de cada 5 españoles consume algún tipo de fármaco para dormir, y el Trankimazín se ha convertido en el medicamento de moda.
«Porque tu salud psicológica no es negociable»
Entre los síntomas más comunes de este trastorno, podemos identificar la taquicardia, la opresión en el pecho, la tensión muscular, mareos, sudoración excesiva, sensación de desrealización, inquietud contante, miedo, etc. Y es que la ansiedad no es más que una respuesta emocional ante un suceso amenazante, real o imaginado, del que nuestro organismo trata de huir o defenderse.
No obstante, a menudo este problema se presenta con síntomas menos evidentes como el apetito voraz o, por el contrario, la falta de apetito, las erupciones cutáneas, las crisis gastrointestinales, como el síndrome del colon irritable, las cefaleas, los cambios de humor desproporcionados, el consumo excesivo de tabaco o alcohol, etc. Algunas personas se sienten constantemente indispuestas, con un malestar difuso que no son capaces de explicar, e inician un largo peregrinaje de médico en médico, de prueba en prueba, sin encontrar una explicación para su dolencia.
La mayoría de las personas que sufren este tipo de síntomas, tratan de ponerle remedio, generalmente parches, atendiendo exclusivamente a su manifestación, y no a la causa. Así pues, hacen dietas para controlar su aumento progresivo de peso, inhiben sus reacciones de irritación, consumen analgésicos en exceso, etc. En el mejor de los casos, aquellos que entienden que dichos síntomas son resultado de una causa subyacente, la ansiedad, acuden a la consulta de su médico de cabecera en busca de un fármaco que les ayude a seguir con su vida eliminando el malestar.
Si bien es indiscutible que los ansiolíticos ayudan a reducir la sintomatología ansiosa, lo cierto es que ésta volverá a aparecer en cuanto retiremos la medicación si las circunstancias, o nuestras habilidades para hacerlas frente, no han cambiado.
Por el contrario, la psicoterapia trata de ayudar a la persona a entender de dónde vienen sus síntomas, cuáles son los agentes externos que los están provocando y por qué les están afectando de la manera en que lo hacen, para, a continuación, dotarle de estrategias tanto cognitivas como conductuales que le permitan hacer frente a dichas circunstancias de manera permanente. Algunas de las técnicas que utilizamos en terapia son la psicoeducación, modificación de ideas irracionales, la solución de problemas, el cambio de hábitos de vida, la relajación, etc.
Si te has sentido identificado con alguno de los síntomas que aparecen en este artículo, en Healthing podemos ayudarte. Pide cita con nuestra psicóloga o acude a nuestras clases de técnicas de relajación en Reebok Sport Club.